Abel Azcona. Mis familias. 1988-2024. De estirpes malditas, tragedias del autoconocimiento y gestos del sostener.
Por Víctor Ramírez Tur
Porque os gusta jugar a la familia.
Cómo os gusta jugar a la familia.
¿Pero no veis que es un infierno?
Felicidad en La voluntad de creer de Pablo Messiez
Cuando visualizamos la imagen de un árbol genealógico tendemos a dibujarlo mentalmente como un macizo sólido y frondoso que se despliega hasta donde alcanza nuestra información. Abel Azcona. Mis familias 1988-2024 nos permite, por primera vez, obtener una imagen global del árbol genealógico de una de las trayectorias artísticas fundadas en la violencia biográfica más relevantes del arte contemporáneo. La muestra reúne aquellos trabajos que rastrean una historia de crueldad sistémica desde momentos incluso anteriores al nacimiento, pero, sobre todo, destaca al confrontar por primera vez, aquellas acciones en torno a la empatía materna, con los trabajos recientes sobre la negligencia de los padres. Mis familias se configura así como uno de los árboles genealógicos más duros vistos hasta la fecha en un espacio expositivo. El árbol se sostiene sobre unas raíces salpicadas de pesticidas, se quiebra, se retuerce, acoge para romperse, se imagina ramas inexistentes, se pinta hojas con rotuladores de colores oscuros y se incorpora andamiajes para poder sostenerse.
La idea de familia se presenta en plural por motivos personales y, por supuesto, políticos. En tiempo de triunfos de la ultraderecha urge visibilizar que allí donde más se defiende una idea concreta y rígida de familia y de derecho a la vida, más se esconde la cruel desidia y la falta de responsabilidad. Todos los trabajos presentados en La Panera incorporan interrogantes a la idea de familia configurada desde los poderes conservadores, patriarcales y religiosos. Desde el cuerpo de Abel Azcona la noción de familia revienta en mil pedazos, generando una cartografía de presiones indolentes para la no interrupción del embarazo, de abandonos, de padres no biológicos que secuestran a sus hijos, de familias adoptivas, imaginarias y escogidas. La idea de familia, como cualquier otra idea, resulta aquí inestable y parcial.
La acumulación de propuestas realizadas desde hace casi dos décadas nos ha permitido vislumbrar dos posibles narrativas para confrontar los dispositivos creativos de reconstrucción biográfica de este nada complaciente álbum familiar. Por un lado, es posible identificar un conjunto de gestos o de acciones insistentes, que configuran la “somateca Abel Azcona”, esto es, un archivo dérmico de golpes, de abusos, de caídas y abatimientos. Pensando en la idea de museo del gesto planteada por autores como Boris Charmatz o Sabel Gabaldón, la exposición confirma que el cuerpo de Abel Azcona es un museo portátil de memoria muscular violentada. En los recorridos planteados para La Panera hemos identificado cuatro rutinas corporales claras que también centrarán este texto: esperar para recibir el golpe, esperar para ser usado, soltar la mano y, finalmente, ser sostenido.
Por el otro lado, la visión completa de ese inestable árbol genealógico nos ha conducido a observar los paralelismos que se establecen entre su trayectoria y la de uno de los mitos más relevantes de la cultura como es el de Edipo. La trayectoria de Azcona se trenza con una facilidad asombrosa con la narrativa edípica, no en el sentido freudiano, sino en el de una biografía que funciona como arquetipo universal de violencias fundacionales, de destinos trágicos que podrían haberse evitado, de procesos dolorosos de autocomprensión, de asesinatos del padre y relaciones sexuales con la madre. Pensar las familias de Abel Azcona desde su relación con Edipo nos sirve para identificar el carácter sistémico, universal e histórico de las violencias que los hombres ejercen. Tal y como nos recuerda el mito de Edipo o la obra de Abel Azcona, las violencias más duras que podamos imaginar no son, para nuestro consuelo de privilegiados, un caso aislado, sino una rutina repetitiva, insistente e histórica. Como Edipo, Abel es un contenedor de sufrimientos no merecidos, un criminal sin culpa; como la tragedia de Sófocles, la obra del performer encarna el horror de descubrir la pertenencia a un orden social apestado.
I. El Oráculo – nacimientos tóxicos que no deberían haberse producido – esperar para recibir el golpe
A este lado empieza el asco por la vida
a consecuencia del carácter de una maldición eficiente a perpetuidad.
Angélica Liddell
Yo envidio a la gente que puede escribir su vida plenamente.
A mí me la han escrito otros; otros me han obligado a vivir una vida.
Abel Azcona
Existen violencias fundacionales y herencias trágicas. Edipo no debería haber nacido. Abel Azcona tampoco. Al padre del primero el oráculo le advirtió de que si su hijo nacía, acabaría asesinándole. Al segundo tampoco le esperaba un futuro prometedor y por ello, su madre, trabajadora sexual y drogodependiente, decidió interrumpir el embarazo hasta en tres ocasiones diferentes. Según el artista, los tres intentos de aborto de su madre han sido el mayor acto de amor recibido hasta la fecha. Sin embargo, o incluso podríamos decir, desgraciadamente, Edipo y Abel nacen; la negligencia de no respetar la predicción de violencia en el horizonte afecta a ambas figuras. En el Edipo Rey de Sófocles la madre explica que, intentando sortear el oráculo, Edipo es arrojado a manos de terceros al fondo de un monte inaccesible a los tres días de nacer, sin poder saber que unos pastores encontrarán el cuerpo y lo criarán. En el caso de Azcona, la insistencia de las fuerzas católicas navarras que, en nombre de un supuesto derecho a la vida, obstaculizaron en varios hospitales públicos los tres intentos de aborto de su madre, propiciaron que ese nacimiento se convirtiera, también, en un arrojo. Abel nace en condiciones nefastas en una clínica de Madrid; a los dos días su madre se fuga del hospital, abandonándole; Manuel Labrijo, cliente y “pareja” de la madre en ese momento, es localizado por los servicios sociales, pasando a asumir los deberes paternos. Trasladándose a Iruña, Abel vivirá en varias casas de familiares y del propio Manuel, sufriendo, con tan solos unos meses de vida, no solo circunstancias precarias sino abusos, golpes, ingesta forzada de drogas, dejadez y desafecto. Todas y cada una de estas violencias se fueron acumulando en un cuerpo condenado al dolor, a la locura, y a la interiorización de una rutina: esperar para recibir el golpe.
No es casual que la acción fundacional de la trayectoria del artista sea precisamente la de esperar a recibir la embestida. La primera performance de Azcona, La primera acción o El brote -2005- consistía en sentarse desnudo en una silla interrumpiendo el tráfico de la Avenida del Ejército de Iruña. Las consecuencias previstas comportaron la ira colectiva durante la media hora de interrupción y una sacudida por parte de la policía nacional para quitar al artista de en medio. Así, el primer gesto creativo de Azcona se instalaba en esa pausa en la que uno se prepara para una violencia previsible. El cuerpo invocaba una embestida pues ya sabía que en un momento o en otro, ésta llegaría; esa es la memoria que acarrea su cuerpo después de estar recibiendo golpes desde su propia gestación y esa es la coreografía que atraviesa múltiples obras de su trayectoria de entre las que podemos destacar la reactualización para la Panera de Doscientos sesenta y ocho -2017-. Realizada para el pabellón CORPO del Centro di Archivizioni e Promozione della Performing Art en Venecia, la acción consistía en consumir de manera ininterrumpida a lo largo de nueve horas y sin pausa, doscientos sesenta y ocho cigarros esperando a recibir las consecuencias extenuantes de la nicotina y del alquitrán del mismo modo que su cuerpo recibía los golpes tóxicos de la heroína en el vientre de su madre durante los días de gestación.
De esta manera, la trayectoria del artista se va fundando en una cadena de corporizaciones violentas en repeat, instalándose en un loop de golpes e incluso en un montaje de saltos temporales dolorosos a través de las diferentes fases de búsqueda llevadas a cabo por el artista. La crudeza de las vivencias relatadas no solo permanece en tanto que memoria muscular violentada. Si lo pensamos bien, el Edipo rey de Sófocoles funciona, del mismo modo que gran parte de la trayectoria de Azcona, como un trágico dispositivo de autocomprensión biográfica. Mientras Edipo pregunta a videntes, a mensajeros y a oráculos, Azcona rebusca en expedientes, en encuentros, en llamadas e incluso en regresiones. En Expediente 09872 -2015- se nos despliega una selección de las más de 128 páginas que el artista pudo obtener de su expediente personal en el Tribunal Superior de Justicia de Navarra. Las consecuencias de la búsqueda son dolorosas, pues la consulta de estos documentos le permite acceder a algunas de las violencias recibidas con tan solo meses o pocos años de vida. El carácter de registro que integra esta pieza vuelve a confirmar, de manera fría y burocrática, que el cuerpo del artista es un archivo de crueldades.
Algunas de las hojas han dado lugar a fugas y piezas específicas que demuestran hasta qué punto la ironía trágica, por no llamarla broma pesada, se cuela en lugares aparentemente misericordiosos. Es el caso de Jesús y María -2011-, obra-objeto en la que encontramos una de las primeras partidas de nacimiento en las que, ante la falta de información de su árbol genealógico, se decide indicar que Abel es hijo de Jesús y María. En diálogo con esta hoja encontramos dos fotografías del artista participando en rituales católicos del Opus Dei, institución a la que pertenecía la familia conservadora que le adoptó cuando tenía siete años. En una de las imágenes vemos cómo el joven Abel ha sido obligado a llevar en el cuello un pañuelo provida. Sin duda, el gesto constituye una burla crudísima y una falta de respeto para aquel que ha sido obligado a nacer, obligado a aceptar su condición trágica, y obligado a borrar una herida de la que no puede desprenderse. Sabiendo con perspectiva aquello que ya había vivido Abel hasta ese momento, y conociendo lo que le esperaría, entendemos a la perfección su defensa del aborto como una de las principales medidas de protección de la infancia. El ideario y la negación de la católica familia adoptiva a mirar de frente la memoria turbulenta acarreada generó más dolor del que creyó atajar.
De hecho, en la muestra también se integra una reactualización novedosa de la pieza en torno a su madre adoptiva, Los libros de familia o las fotografías que mi madre arrojó a la basura -2010-2023-. Ésta consiste en la configuración de unos álbumes a partir de las fotografías que la madre adoptiva de Abel le cedió en una bolsa de basura, después de decidir, una vez más, desvincularse de él, rechazarlo y exponerlo. La instalación para La Panera vuelve a confirmar así el carácter de álbum familiar arrojado, de árbol genealógico agrietado que intenta rediseñarse desde herramientas artísticas. Pero lo más doloroso es que, de nuevo en sintonía con aquel Edipo apestado y condenado a ser expulsado una y otra vez, la instalación documental se relaciona incluso con las carencias acogedoras de una madre adoptiva, incapaz de sostener ese museo portátil de memoria muscular violentada que ha intentado acoger. Los álbumes realizados a partir de imágenes que iban a ser lanzadas a la basura nos hablan, como en Edipo Rey, de una toxicidad que acompaña al artista de la que él no es responsable y de la que nadie tiene el valor de responsabilizarse
La mezcla de documentos de un Tribunal Superior de Justicia y de fotografías familiares demuestra a su vez el cruce fundamental entre lo personal y lo institucional. El cuerpo de Azcona es un archivo social y, por lo tanto, su malestar es público y sistémico. Su cuerpo es un contenedor de violencias que parecen a simple vista biográficas o personales pero que constituyen, sin duda, violencias sistémicas. Así, para que ningún cobarde negacionista crea que este árbol genealógico podrido es un caso aislado, se han integrado en la muestra algunos dibujos de la serie La casa -2015-. Éstos han sido realizados por criaturas que también pertenecen a familias con dificultades para sostener los cuidados y los vínculos saludables entre sus miembros. Las casas dibujadas aparecen torcidas, manchadas de sombras grises y acompañadas de árboles que parecen ennegrecidos y reventados por un rayo.
De esta manera, el arranque de Mis familias permite hacer de la trayectoria de Azcona uno de los ejemplos paradigmáticos de la precariedad vital de la que nos han hablado autoras fundamentales para la justicia social y la ética de los cuidados. En Vida precaria. El poder del duelo y la violencia, Judith Butler enfoca una cuestión fundamental que encarna el cuerpo y la obra de Azcona: a pesar de que todas las personas nacemos vulnerables y necesitadas de relaciones sociales sostenedoras, existe una jerarquía sistémica, de raíz patriarcal, en la que no solo algunos sujetos se niegan a saberse dependientes, sino que además se producen violencias sistemáticas que configuran una estructura desigual de fragilidades; algunos cuerpos están más expuestos a la violencia mientras que otros pueden ejercer de manera rutinaria e impune la crueldad; algunos cuerpos tienen el privilegio de no ser violentados y de contar con redes afectivas e institucionales para la protección y sustento de sus vidas, mientras que otros sufren de manera contundente una desatención y desafección sistémica.
El cuerpo de Abel Azcona concentra todos los arrojos. Su memoria muscular testimonia crudamente las jerarquías de exposición y sustento. Su vida es una vida expuesta. Expuesta a las diferencias precarias de clase, a la crisis de la heroína en la España falsamente eufórica de las décadas de los ochenta y de los noventa, al estigma, a la criminalización y a la falta de responsabilidad en torno al trabajo sexual, a las violencias machistas, a las crueldades impuestas por el ideario católico, a la negligencia de los hombres. Su vida es una vida expuesta y es imposible ser un cobarde o un cínico ante tal volumen de documentos de la historia de la violencia de la que formamos parte. Esperar para recibir el golpe. Y en ese poner la mejilla y en ese exponerse hay algo profundamente generoso, sobre todo si tenemos en cuenta que sus dispositivos para la desactivación de la cobardía cínica y del desafecto irresponsable trascienden sus circunstancias específicas, abriéndose a la de otros sujetos condenados históricamente a la violencia. El árbol genealógico de Mis familias se despliega para rastrear otras ramas rotas.
II. Hacerlo como la madre – marcos de empatía para las inclinadas – esperar a ser usado
En el fondo todos nacemos rechazados por otro cuerpo.
Nacemos rechazados por el cuerpo que nos engendra,
hay un momento en que nuestras madres nos expulsan, nos expulsan,
no podemos ser otra cosa que expulsados, rechazados,
rememoramos con cada nacimiento la condena original, aquel trueno del Edén.
Jamás perdonaremos a la que impidió que su vientre se convirtiera en nuestra tumba.
Sin embargo eres aceptada como objeto de misericordia,
no rechazada sino aceptada como objeto de sufrimiento ilimitado.
Angélica Liddell
Tal vez Abel no le perdone a su madre biológica -ni a aquellas personas católicas que impidieron su aborto- que su vientre no se convirtiera en su tumba. Sin embargo, el siguiente dispositivo de autocomprensión biográfica construye marcos de aceptación y de empatía hacia su madre, prostituta y drogodependiente, en tanto que objeto de misericordia y de sufrimiento ilimitado.
Azcona intentó localizar a su madre biológica. En otra de sus múltiples rutas de comprensión biográfica el artista rastreó la escasa información a partir de diferentes instituciones y agentes sociales hasta dar con ella. Ésta se prestó a charlar con un mediador familiar, encuentro que el artista pudo escuchar y grabar permaneciendo anónimo en la mesa contigua. Ante una de las primeras preguntas, la madre expresó su negativa a conocer a su hijo Abel. La estampa se recoge en La búsqueda -2011-, dibujo que abre el recorrido de aquellos trabajos de aproximación a la(s) madre(s), tanto en su trayectoria, como en la muestra de La Panera.
La búsqueda activó un nuevo marco de trabajo que le permitió acercarse a su madre mediante la corporización de algunas de sus rutinas vitales, especialmente aquellas vinculadas a un gesto: ser usado. Exponerse como objeto sexual a través de un conjunto de acciones le ha permitido comprender la memoria de cuerpo explotado integrada en su piel, generando un marco de empatía capaz de deshacerse de aquellas narrativas patriarcales que han negado la vida de las trabajadoras sexuales. En este sentido, no puede perderse de vista el cínico marco construido por el patriarcado para poder explotar sexualmente a la mujer mientras desprecia su vida y su trabajo forzado, negándole además su condición como ser humano y, por lo tanto, sus derechos. Algunos de los curadores que han leído su obra han indicado que “haber sido concebido por error y bajo un precio, dificulta cualquier conexión materna” (Llopis, 2021, s.p.). Sin embargo, el creador también es consciente de que esta dificultad se debe, en parte, a la conceptualización demonizante de la prostitución. Si la vida de una trabajadora sexual no es digna de ser asumida como tal y tú eres su hijo, es fácil saberse un bastardo sin vínculos en el horizonte. Además, no olvidemos que la historia del arte heredada también ha contribuido a esta injusta conceptualización mediante todo tipo de imaginarios y recursos. Los artistas, clientes de las trabajadoras sexuales desde edades muy tempranas -véase Picasso-, han instalado una imagen de la prostituta como fetiche y objeto de uso al servicio del hombre y de su mirada masculina, como cuerpo ridículo y grotesco o directamente como monstruo abyecto. El público y los profesionales del sector siguen celebrando de manera acrítica estas imágenes, acercándose peligrosamente a las negligencias de la clientela de esas mismas trabajadoras sexuales. De esta manera, los trabajos integrados en la muestra no solo sirven para que el artista establezca acercamientos maternos mediante ejercicios de reanactment vital, sino que también generan, en sintonía con el trabajo de otras artistas en torno al trabajo sexual como Núria Güell o Annie Sprinkle, marcos de empatía capaces de desbloquear las conceptualizaciones normativas y estigmatizantes.
Algunas autoras fundamentales de la teoría feminista como Adriana Cavarero han identificado precisamente la desafección como la principal de las armas del patriarcado para distanciarse y desresponsabilizarse de las violencias que ejerce. En ese sentido, no es casual que el título de uno de los proyectos más relevantes del artista en torno al acercamiento materno sea Empatía y prostitución -2013-. En él, el artista ofrecía su cuerpo desnudo durante tres minutos a cambio de una cantidad de dinero estipulada para que hicieran realmente lo que quisieran con él. En el marco de esta acción realizada en Bogotá, Madrid y Houston, su cuerpo fue usado y puesto al servicio de los deseos ajenos, ya fueran estos sexuales o simplemente afectivos. Ciento treinta y nueve personas usaron su carne, violentándola, sobándola, penetrándola, lamiéndola, acariciándola o abrazándola. El artista explicitaba así aquella memoria muscular vinculada ahora al uso forzado del cuerpo de su madre. Al fin y al cabo, una de las rutinas habituales del ejercicio genealógico es la de rastrear los gestos que hemos heredados de nuestros progenitores. Durante las horas de duración de Empatía y prostitución, Abel y su madre permanecían juntos y se acababan pareciendo al participar de la misma coreografía. Sin embargo, la crudeza volvía a explicitarse al comprobar que el gesto que uno ha heredado es precisamente el de ser usado. El artista ha nacido de un cuerpo utilizado de manera forzosa, y ha decidido mantener sus precarios vínculos desde el mismo marco fundado en imposiciones y pérdidas de control. De hecho, en la acción posterior La última hora -2015-, el artista localizó en las afueras de Roma a una trabajadora sexual con una fisonomía similar a la de su madre. Este avatar materno acompañó al artista, de nuevo en una cama y durante una hora, en la inauguración de la muestra Las Horas, exposición que recogía los materiales derivados de otra de las acciones en las que el artista ofreció su cuerpo a intervalos de una hora durante todo un día a cambio de dinero en un hotel madrileño.
El autor ha indicado la crudeza de la mayoría de estas exposiciones corporales, resignificando así las imágenes de la inclinación de un cuerpo que se somete a un encuentro sexual. La cama en la que se paga por usar un cuerpo ya no es un escenario idealizado, exótico ni cínicamente monstruoso, sino un diagnóstico de las vivencias y de las implicaciones de la realidad del trabajo sexual, forzado o escogido, así como de las dificultades afectivas de los hijos de las prostitutas.
Ejecutar una y otra vez la coreografía de ser usado nos permite, en sintonía de nuevo con el pensamiento de Butler o de Cavarero, apostar por nuevas éticas corporales que remodelen las nociones de precariedad o de vulnerabilidad. Recordemos que ambas autoras han reclamado precisamente el momento del parto y los primeros contactos entre la madre y la criatura recién nacida como los fundamentos para una nueva propuesta identitaria y corporal. Así, Butler explicita la necesidad de una “red social de manos” en el momento del nacimiento y la reivindica como condición humana fundamental en tanto que, a diferencia de lo que nos ha intentado enseñar el patriarcado, seremos hasta el final de nuestros días seres relacionales expuestos, vulnerables y necesitados de redes sostenedoras. Por su parte, Cavarero presenta la noción de inclinación de la madre hacia el recién nacido como ética corporal, en tanto que apertura interesada por el otro y postura que huye de la rectitud patriarcal para instalarse en la necesidad de agarrarnos como seres abocados a la caída.
Siguiendo esta línea y retomando aquella necesidad de situar las jerarquías en torno a las nociones de vulnerabilidad y protección, encontramos en este tramo expositivo dos nuevos matices narrativos y vivenciales. En primer lugar, el artista no solo ha comprendido las ausencias de redes sostenedoras maternas mediante una rutina de inclinación empática, sino que las ha compensado mediante un ejercicio de recreación fantástica. Así, en Las madres imaginarias -2022- un conjunto de personas que no tuvieron la oportunidad de ser acompañadas ni arropadas por sus madres biológicas, se entrevistan con un fisionomista para que éste pueda dibujar a la madre imaginada. De la misma manera, pues la obra de Azcona siempre se aboca a lo carnal, también se necesita y se construye a la madre sostenedora. En La madre blanda -2022-23- el artista fabrica junto al artista Antonio Portillo Carbonell una muñeca de trapo a modo de objeto maternal sustitutorio. Los dibujos que acompañan este cálido y confortante avatar materno nos dejan ver la necesidad de construir finalmente una relación física fundada en el cobijo, en las cargas compartidas, en el contacto dérmico y en la adaptabilidad. Así, el concepto de inclinación que Cavarero exige situar en relación a la jerarquía de exposiciones a la violencia, muta en la trayectoria de Azcona en torno a la madre, viajando desde los abatimientos corporales fruto de los usos forzados, hasta la amortiguación y el arropo del cuerpo condenado al impacto contra el suelo.
Cuando la madre es un vacío, los avatares son múltiples. Yocasta se desmigaja y muta en varias mascaradas de lo maternal. El conjunto de estos avatares insiste en que la madre, como cualquier otra noción, responde a construcciones culturales, la gran mayoría de raíz patriarcal y, por lo tanto, problemáticas, injustas y asfixiantes. Lo que nos lleva al segundo de los matices conceptuales que planteábamos: todo el recorrido maternal desplegado en La Panera integra de forma orgánica múltiples preguntas en su fuera de campo: ¿Por qué todas estas madres han sufrido una historia de violencia tan poderosa? ¿Qué les ha obstaculizado funcionar como andamiajes cariñosos? ¿Quién ejerce de manera sistemática esta violencia contra ellas, estigmatizándolas incluso después de dejarlas prácticamente inválidas? ¿Quién las usa y las desecha? ¿Quién se desresponsabiliza una y otra vez de esta estructura cruel y desigual?
III. Matar al padre – asesinatos en los cruces de caminos- soltar la mano
No se puede transportar consigo a todas partes el cadáver del padre.
Guillaume Apollinaire
Todas y cada una de las imágenes integradas en el recorrido materno de Mis familias conviven con una contraimagen masculina. Los cuerpos usados, las madres que necesitan huir, las trabajadoras sexuales y las madres imaginadas, confrontan una pared salpicada de hombres. Todos los que aparecen, podemos imaginar que padres la gran mayoría, han usado el cuerpo de una mujer por dinero al menos una vez en su vida. De nuevo en un juego entre lo micro y lo macro, Azcona configura un recorrido creativo que nos permite responder a algunas de aquellas preguntas que la muestra integra a modo de subtexto.
Los dibujos correspondientes a Las madres imaginarias miran de frente al mismo volumen de piezas integradas en Los Padres -2016-. La instalación recoge los resultados de un encuentro que preparó Azcona entre trabajadoras sexuales y licenciados en bellas artes, formados previamente por un experto fisionomista y profesional de la técnica de reconocimiento facial. A partir de charlas íntimas en las que ellas compartían el recuerdo del último cliente que había pagado por un encuentro sexual, los dibujantes configuraban el retrato robot. Casi como rareza y excepción en la historia de la cultura visual, eran ellas las que por fin giraban las tornas y representaban al cliente, alcanzándose una suerte de justicia histórica que facilita el derecho a una representación verosímil y en primera persona, del trabajo sexual. Fijémonos además que el dispositivo de representación no es inocente, pues se trata de una técnica que facilita la identificación de sospechosos de haber cometido algún acto criminal. El marco de trabajo pensado por el artista se instala así en un acto acusatorio, reforzado por el título de la pieza: la mitad de los hombres que aparecen retratados como clientes de trabajadoras sexuales en esta instalación podrían ser nuestros padres, pues al menos en el Estado Español, cerca del cuarenta por ciento de los hombres reconoce tener sexo por pago. Esto es, cerca de ocho millones y medio de médicos, albañiles, abogados, profesores o electricistas, que se alzan como ejemplares padres de familia, disfrutan de un negocio salpicado de violencias machistas que ellos mismos han construido, que ellos mismos sostienen, que ellos mismos mantienen en los márgenes de la legalidad, de la que también son responsables y del que ellos mismos reniegan.
Abel Azcona fue criado por uno de estos padres. Ya nos hemos referido a aquel cliente y compañero de su madre biológica, Manuel Lebrijo, que fue invitado a asumir sus responsabilidades en el momento en el que la madre del creador huyó del hospital. En esta acumulación de dispositivos de autocomprensión biográfica, el reciente proyecto Volver al padre -2022- nos permite ahondar de manera específica en la desafección y la negligencia patriarcales. El punto de partida es similar al del recorrido en torno a las madres: buscar al padre, conversar, comprender y reaccionar. En esta ocasión, “el padre” sí decide encontrarse con Abel y éste prepara un recorrido específico a modo de topología del abandono. Ambos recorrerán juntos el mismo camino que realizaron cuando el primero, ante el temor de perder la custodia del niño en Iruña, decidió secuestrarlo y llevarlo, junto a su pareja, al pueblo natal de Villar de Rena. Juntos recorren seiscientos noventa kilómetros en coche, compartiendo habitación de motel de carretera, caminando en incómodos silencios por los caminos de la meseta española, y manteniendo dolorosas conversaciones para la autocomprensión personal. Tal y como sucede con la narrativa edípica, lograr la autorrevelación acarrea consecuencias trágicas.
Todo el recorrido se aleja de aquellas prácticas privilegiadas en torno al paseo o al caminar como práctica estética, para transformarse en la más dura de las road movies edípicas que hayamos visto hasta el momento. Del mismo modo que en Edipo Rey, los cruces de caminos son nudos de conflicto familiar en torno al padre y el viaje, un recorrido sin consuelo. Todas y cada una de las respuestas de Labrijo apuntan a la falta de responsabilidad. A tan solo unos centímetros de distancia en el interior de un coche, después de conversar sobre su decisión de llevarse a Abel a Iruña para instalarlo finalmente en una historia de violencia, el padre afirma: “Si hice bien o mal… ¿lo tengo que juzgar yo? Pues yo creo que hice bien”. El ejercicio de empatía se enfrenta aquí a la cerrazón.
Este viaje no acaba en su regreso a Iruña, pues los recorridos de Azcona siempre se resuelven en el que es y será su refugio, lugar de supervivencia y de futura extinción: el espacio expositivo. El artista preparó una acción en la que Manuel y él permanecieron durante una hora encima de dos peanas separadas, cogidos de la mano y en silencio. Puede parecer un gesto sencillo y poco efectista, pero si lo pensamos bien, supone un ejercicio de profundo malestar. Y es que, si retomamos la noción de memoria muscular violentada que hemos planteado, nos podemos imaginar todo lo que desencadena coger una mano que no solo se ha negado a sostener, sino que ha golpeado de manera insistente. Por ello, después de una hora, y después de que algunos asistentes confrontaran con insultos al padre y animaran a Azcona a que reaccionase de manera vengativa, el artista decidió soltar la mano, descender de la peana, darle la espalda y salir.
En Azcona todos los gestos son directos, claros, honestos y desnudos, pues su somateca está irremediablemente instalada en la exposición y en la vulnerabilidad. En esta ocasión, la respuesta física a un arduo camino de comprensión trágica es la del rechazo. Soltar la mano es matar al padre. Soltar la mano es dejar ir la memoria vinculada a las violencias paternas y a sus fantasmas, es darle la espalda a los que usan y desechan a las personas más frágiles, a los que ejecutan violencias de las que no se responsabilizan, maquillándolas además con discursos de salvación o de heroicismo. “Yo creo que hice bien”. La práctica artística de Azcona sirve, en su recorrido en torno a los padres, como espejo de sus violencias, desafecciones y excusas. “Eres mi padre porque representas la peor de las masculinidades” (Azcona, 2022, p.88). ¿Qué más puede hacerse? ¿Cuántos mecanismos de diagnóstico y de enseñanza son necesarios para que los hombres tomen conciencia de las violencias que ejercen, las interrumpan y las reparen? ¿Cómo desacelerar la satisfacción inmediata, caprichosa e irresponsable de sus deseos? ¿Cómo favorecer, en cambio, su compromiso ético y empático? Soltar la mano es decirle adiós a los padres hasta que sean capaces de responsabilizarse.
IV. Antígona como muleta –cuando otros escogen cargar con nuestro cuerpo – ser sostenido
Edipo.- Agárrame entonces
Antígona.- Ya te agarro.
Sófocles
Si el bloque de los padres se cierra con un gesto clave para la recuperación, el de las madres también plantea un cierre coreográfico y conceptual fundamental para la narrativa curatorial de Mis familias que ya se había anunciado en La madre blanda: ser sostenido. En la reciente acción La Savia –2022- el artista ingirió heroína hasta que su cuerpo empezó a desfallecer. A pesar de la similitud con Doscientos sesenta y ocho, aquí no se trataba únicamente de conectarse con los embistes de la heroína que afectaron a su madre y a su propio cuerpo durante la gestación. En esta acción, el artista decidió reclamar otros agentes. Dos performers aceptaron el encargo de velar por ese cuerpo -insistentemente- expuesto a la intoxicación y al colapso. Ambas permanecieron atentas a los efectos de la droga, se inclinaron para escuchar el cuerpo de Azcona, le sostuvieron la cabeza mientras regurgitaba, le limpiaron el vómito y las babas y, finalmente, le sostuvieron y le cargaron para desplazarlo y dejarlo en un lugar seguro.
La acción entronca claramente con aquel recorrido materno en torno a las madres imaginarias. Si no se dispone de una protección familiar, ésta puede imaginarse y fabricarse. Si no se dispone de una red que nos limpie el vómito y cargue con nuestro cuerpo, ésta se reclama desde el acto performativo. La Savia integra todas las coreografías apuntadas hasta ahora: el artista espera hasta recibir el impacto de la droga, empatiza con los abatimientos de su madre por la adicción a la heroína y por su necesidad de ser usada para conseguir dinero y seguir consumiendo y, finalmente, reclama un marco en el que, por fin, ser sostenido. Por todo ello, la performance constituye el cierre del recorrido materno. Mientras Volver al padre incorporaba el soltar la mano como gesto de supervivencia, aquí se nos presenta otro, más presente en la trayectoria del artista de lo que nos habíamos imaginado, a modo de reclamo y de necesidad: la posibilidad de ser cargado.
La primera vez que estuve cuerpo a cuerpo con Abel Azcona fue para sostenerlo y portearlo mientras éste permanecía en un estado de inconsciencia, provocado por la ingesta oral de anestesia. La performance, La mercancía -2021-22-, constituía una de las siete acciones que el artista realizó para la edición del Festivals de Clàssics de Barcelona, centrada en la ira. A pesar de que el texto que sintetizaba esa acción de carga hacía referencia a la espectacularización de la violencia como una más de las causas del desapego sistémico, y a pesar, en efecto, de la presencia de turistas a los que les parecía divertido hacerse selfies con un cuerpo abatido, lo que podíamos llegar a sentir aquellos que decidimos aceptar las pautas dadas por el artista era ligeramente diferente. El equipo del Festival y los que nos vimos interpelados por la invitación de Azcona, asumimos estoicamente la labor de cargar su cuerpo y de desplazarlo entre las dos peanas ubicadas al final de las Ramblas de Barcelona, sin ningún espacio para la ironía ni para el reality show. El equipo veló por su cuerpo y esperó a que este fuera, poco a poco, recuperando la consciencia en un marco de seguridad.
El filósofo italiano Roberto Esposito ha planteado en sus dos célebres ensayos Communitas e Immunitas una revisión filológica de la noción de comunidad a partir del rastreo exhaustivo de todo un conjunto de fuentes. Una de sus conclusiones plantea que una de las raíces etimológicas de “comunidad” hace referencia al hecho de compartir una carga. Aquellos vinculados o forzados a sostener un peso colectivo, acaban constituyendo una comunidad. En cambio, aquellos privilegiados, irresponsables o negligentes que pueden permitirse el lujo de la ausencia de todo tipo de compromiso, gozan de inmunidad.
Partiendo de esta premisa, podríamos preguntarnos desde el carácter retrospectivo de Mis familias quién ha cargado con el cuerpo del artista, quién ha decidido acompañar y sostener su carga, quién se ha transformado en su Antígona después de haberse arrancado los ojos y haberse exiliado como elemento tóxico. Porque, irremediablemente, una trayectoria artística fundada en la violencia implica una reflexión profunda sobre la vulnerabilidad y las redes de sustento. Y es que, si retomamos de nuevo a autoras como Butler o Cavarero, y seguimos defendiendo la existencia como un terreno necesitado de estructuras mínimas de acompañamiento, habrá que dar un paso adelante en la dilucidación de la obra de Azcona, para identificar claramente quién ha logrado constituirse como su comunidad efímera o escogida, quién ha adoptado las tareas básicas de cuidado e higiene y quién ha permitido una y otra vez, en definitiva, que siga vivo.
Una de las primeras respuestas la identificamos en El Perdón -2022-, carta que Chusa, profesora de historia del arte en la Escuela de Arte de Pamplona envió al artista a modo de disculpa. En ella se lamentaba irónicamente de haberle descubierto al Abel adolescente el ámbito de la performance; de haberle compartido ese territorio liminal en el que otros creadores han sido capaces de elaborar, trascender y sobrevivir a otras violencias mediante un uso ritual del cuerpo, mediante una escuela de entrenamientos en el sufrimiento, mediante mecanismos que recuerdan a los del chivo expiatorio en los esquemas sacrificiales y mediante todo tipo de marcos coreográficos que facilitan la supervivencia. Chusa pide perdón “a los que, sin querer entender, se escandalizan cuando muestra, sufriéndolas él mismo, las miserias humanas y la grandeza de los sufrientes”.
Del mismo modo, con la intención de reforzar esta línea curatorial de la muestra, Abel ha invitado a algunas de las figuras cuidadoras que han acompañado su trayectoria a escribir otras cartas en las que puedan recogerse sus funciones sostenedoras. Así, en el marco de la reciente pieza Los cuidados -2023-, Pierre Jean, el galerista que acogió aquella acción en la que el artista vivió durante nueve días en el interior de un contenedor de basura, -Nine container, 2013-, comparte su función como curador, del latín cuidador, preparando sábanas suaves y mantas y limpiando cada día la palangana con heces y orina. En plena sintonía con aquello que estamos planteando, el galerista usa las metáforas del parto y de la paternidad en relación a la acción del artista: “Homosexuel marié et résolument contre les enfants, j’ai endossé pendant ces quelques jours un rôle paternel que je ne connaitrais probablement plus jamais. […] Mon envie de te protéger lors de tes performances ne m’a jamais quitté et comme un père aimant, je suis aussi fier qu’inquiet lorsque je te vois mettre ta vie en danger pour la réalisation de tableaux éphémères qui resteront, je n’en doute pas, dans l’histoire de l’art.”
Por su parte, y en el marco de la misma obra, María Rosa Aránega, una de las tres integrantes que sostuvo su cuerpo en La Savia, comparte su relato en sus funciones como engranaje de carga junto a sus dos compañeras. En su carta accedemos a algunas ideas de especial ternura que nos permiten indagar en las necesidades de Azcona, no siempre tan visibles o enfatizadas por la crítica. Así, la performer no solo habla de responsabilidad y de camaradería entre las tres artistas, enlazadas para cuidar a un Abel intoxicado, sino que también genera un conjunto de imágenes y metáforas, fundamentales para cerrar el hilo argumental de Mis familias. María Rosa se pregunta si en el momento del desfallecimiento las veía a ellas como unas matronas que lo traían al mundo pues, sigue explicando, Abel se les aparecía como un niño que balbuceaba y que se tambaleaba aprendiendo a andar.
Este relato se entronca de hecho con otra de las piezas más poderosas de la muestra: Las madres referentes -2022-23-. En las fotografías integradas en esta obra vemos al artista reposando en el regazo de dos de las madres de la performance, Marina Abramović y Orlan. Ambas han preparado el camino para que otros creadores puedan confiar en su cuerpo como receptáculo de dolores, exorcismos y documentos críticos. Ambas han sobrevivido a todo tipo de violencias patriarcales usando su carne como campo de batalla. Ambas llevan desde hace tiempo cumpliendo, en efecto, la función de madres salvadoras para Abel. Así lo ha indicado la profesora de arte en la carta a la que ya nos hemos referido, y así se encarna finalmente en estos encuentros fotografiados. Las estampas sintetizan el conjunto de líneas narrativas que cierran este tramo de la exposición pues todas tienen en común la asunción del ámbito artístico como refugio sostenedor, la posibilidad de escoger e incluso de crear una familia, y la apuesta por las coreografías en torno a la carga compartida como vehículo para la fundación de una comunidad.
Además, tanto en la carta de María Rosa como en estas imágenes, se hacen evidentes los paralelismos con la iconografía de la Madonna y sus múltiples coreografías sostenedoras en la historia de las imágenes. Ello nos remite de nuevo al pensamiento de Cavarero y a su defensa de este imaginario como paradigmático de las inclinaciones. La autora defiende la iconografía de la Madonna sosteniendo al hijo como una imagen fundacional que confirma y exhibe la condición vulnerable del neonato y la necesidad de sabernos necesitados de un “otro” que nos ayude a sobrevivir. “El infante evidencia el paradigma originario de la vulnerabilidad humana, siendo, en cuanto inerme, una versión, por así decir, arquetípica en la doble acepción de la palabra: porque la vida de cualquiera comienza en la infancia, o bien porque el principio de la infancia retorna cada vez que alguien, en el curso de su vida, se encuentra inerme.” (Cavarero: 2022, p.170). En efecto, prácticamente todas las piezas de este último tramo elaboran a un Abel como neonato, como criatura que acumula en su memoria muscular desde el nacimiento una historia insistentemente trágica de circunstancias inermes que, en consecuencia, reclama con urgencia marcos para las inclinaciones cariñosas. Su obra y su árbol se inscribe así en aquella genealogía de artistas -Pepe Espaliú, las Yeguas del Apocalipsis, Derek Jarman, David David Wojnarowicz, Prinz Gholam, Aimar Pérez Galí, Lía García- capaces de encarnar desde todo un amplio abanico de gestos del sostener, de la predisposición, del apoyo y de la reclinación, aquella noción performativa de la comunidad en tanto que carga compartida, ya sea simbólica o física
Mis familias parece configurarse a modo de loop o de partitura Da Capo pues una y otra vez, regresamos al inicio, al inicio de la vida en el que alguien debe limpiar nuestra mierda, limpiarnos la baba que se nos cae y atender a nuestro cuerpo inestable para que no se estampe contra el suelo. En este juego de inclinaciones necesitadas, escogidas y preparadas desde la libertad que facilita el ámbito de las artes, encontramos esa condición precaria que nos anima a sabernos expuestos, frágiles, y necesitados de otros.
La existencia de esta línea narrativa en el árbol genealógico de Mis familias, en torno a las familias escogidas y a los gestos del sostener, integra una aportación reflexiva en torno a la trayectoria de Azcona. Podemos presentar su obra como paradigma de las violencias sistémicas, pero también tomar marcos provenientes del feminismo para enfatizar su recorrido como uno de los ejemplos más explícitos en torno a la patriarcal jerarquía de exposiciones a la fragilidad, a la vulnerabilidad como condición existencial y a la necesidad de redes sociales sostenedoras para sobrevivir dignamente en comunidad. De nuevo con Cavarero, la trayectoria de Azcona plantea una ética postural. Toda su trayectoria, desplegada aquí desde la narrativa compleja del árbol genealógico, es quirúrgica en sus diagnósticos y lúcida en su reflexión en torno a las negligencias y las faltas de responsabilidad en un mundo atravesado por múltiples crueldades. Consecuentemente, su obra exige, muchas veces en un fuera de campo y otras, tal y como se recoge en el tramo final de la exposición, de manera explícita, no solo el derecho a la reparación y a la protección de los más vulnerables, sino también la posibilidad de imaginar y de escoger a los familiares que abrazarán nuestro cuerpo a punto de caer.
Bibliografía
Azcona, Abel (2022): Volver al padre. Madrid: Los aciertos.
Butler, Judith (2006): Vida precaria: el poder del duelo y la violencia. Buenos Aires: Paídos.
Butler, Judith (2017): Marcos de guerra. Las vidas lloradas. Barcelona: Ediciones Paidós.
Cavarero, Adriana (2022): Inclinaciones. Crítica de la rectitud. Fragmenta.
Esposito, Roberto (2012): Communitas. Origen y destino de la comunidad. Buenos Aires: Amorrortu.
Liddell, Angélica (2018): Una costilla sobre la mesa. Segovia: La Uña Rota.
Llopis, Néstor (2021): Abel Azcona. Catorce piezas esenciales. Valladolid: Ayuntamiento de Valladolid.
Messiez, Pablo (2023): La voluntad de creer. Navarra: Contintametienes
Pérez Galí, Aimar (2018): Lo tocante. Bilbao: Album.
Sófocles (2005): Tragedias completas. Madrid: Cátedra.
Habitarme duele, daría mi vida por ser huésped de otra cuerpo. Mis familias duelen, daría mi vida por ser huésped de otro tipo de familias. Cada una de mis obras es una regresión al pasado, volviéndolo tangible. Tener la capacidad de exponerlo y revisitarlo, nos posibilita una actualización, reconstrucción, entendimiento y mirada crítica. Mis familias son protagonistas en mi habitar y en mi crear, no obstante más protagonista es su ausencia, pues la paradoja que es que hablamos de decenas de apellidos y de decenas de familias pero en este momento si miro a mi alrededor soledad es lo único que encuentro. Ninguna de mis tres madres está presente en mi vida, por lo menos, más allá de mi pensamiento, de mi anhelo. Las tres me abandonaron. Una me abandonó al nacer, la otra me maltrató hasta que el sistema intervino retirando la custodia y la tercera me adoptó para convertirme en otro y olvidar lo que era, tras su fracaso me abandonó de nuevo. Por ello, una vez antes de inaugurar una muestra expositiva, decidí comprar tres rosas. Desde entonces, tres rosas me han acompañado en casi cien muestras y performances, y con ellas mis madres, de forma metafórica.
Toda mi obra o mi forma de entender mis procesos creativos profundiza en mi existir y se prolonga en el tiempo, la vida acompaña a la obra y la obra acompaña a la vida, por lo tanto comparte mi proceso experiencial y vital. A mi continua afirmación de que mi obra y mi vida son lo mismo, podría incluir el concepto de familia, mi obra es mi familia y mi familia es mi vida, ya que ambas tres instituciones: Arte, familia y vida dialogan y se entremezclan en todo momento. Ese es el motivo porque el que son muchas las piezas donde el origen creativo o detonante, es el propio contexto personal o familiar. Supongo que en la vida de cualquier individuo la familia contamina para bien o para mal todo el camino pasado, presente o futuro. Pero si además la contaminación es multuosa o violenta la contaminación es aún más evidente.
Mi exposición bautizada Mis familias 1988-2024 supone una mirada atrás pero también actual a todas esas obras donde la familia ha sido protagonista desde prácticamente antes de nacer hasta el abandono, las violencias, los abusos, acogimientos familiares, adopciones o cambios de nombres e identidad. Así surge la más que necesaria revisión de mis piezas fundamentales desde una mirada familiar. Mi familia doliente, mi obra doliente, mi vida doliente.
No he tenido familia que no me abandoné. No he tenido familia que no me maltraté. No he tenido familia que haya sido capaz de abrazarme fuerte para que yo no escapara.
Línea de tiempo (1988 - 2024)
Objeto, documentos, performance. Selección de línea de tiempo biográfica adecuada a temáticas familiares.
Obra artística y de performance de contenido biográfico. La pieza tiene una base procesual, al ser creada de manera involuntaria durante los primeros años de infancia y crecimiento del artista. Durante los años 2022 y 2023 Azcona activa en público la creación de su propia línea de tiempo, basada en sucesos traumáticos, con documentación original, datos, diálogos y narraciones públicas. Uno de los resultados plásticos de la línea biográfica del artista es la línea creada para describir la cronología del artista desde sus vínculos familiares.
“Last year, the idea emerged to create timelines that accompany exhibition displays and new pieces, aiming to help the viewer understand all the moments and triggers of more procedural performative pieces. In “Return to the Father,” the timeline was focused on traumatic events marked by abuse, negligence, or abandonment carried out by paternal figures. In the current exhibition “My Families 1988-2024,” we tripled the size of the timeline, as events are not only centered around fatherhood but encompass any form of family contamination.
Although the timeline serves as a guide for the public, for me, it represents one of the most intimate and cathartic processes. The construction of these timelines, adapted to each work or location, is done publicly during performative acts or open artistic residencies. Thus, many of them thrive on the collectivization of the narrative.
Being able to read all the painful experiences on a large white wall through vinyl is an exercise of great complexity but serves as an act of recognition and acceptance of trauma. Violence is not acknowledged until it is named, read, and shared. The significant revolution for those marked by trauma is sharing it to bring down the abusers and put a face to the ghosts. I believe that, in some way, a comprehensive timeline is pending, not just adapted to an exhibition framework, but I suppose it will come. If the timeline on a wall is painful, imagine what it means to have it marked on the skin forever.
Victoria Luján tries to terminate an unwanted pregnancy three times, but it is not possible in conservative Pamplona. Faced with the impossibility, denied the right for both, she continues the pregnancy. Abel Azcona is born prematurely and with evident withdrawal syndrome at the Montesa Clinic in Madrid. Abel and his mother are urgently transferred to the maternity ward of the Niño Jesús Hospital. Azcona is placed in an incubator for three weeks. Consequently, Victoria Luján Gutierrez abandons him at the Niño Jesús Hospital. Manuel Lebrijo, Victoria’s partner, picks up the child at the hospital and moves with him to Pamplona. Manuel is imprisoned, and Abel remains with his family in precarious conditions, living with many other abandoned children in Manuel’s mother’s apartment. In prison, Manuel meets a catechist and social worker from Caritas who takes an interest in what he presents as his son: Abel Lebrijo. On April 1st, Abel Azcona is baptized in the San Vicente de Paúl Parish organized by the Caritas volunteer in the prison where Manuel is located.
The timeline is an installation of words and documents that consists of displaying my history of pain without any consideration or sugarcoating. In a cold, almost aseptic manner, I enumerate each abuse, each mistreatment, and each abandonment that has somehow shaped who I am today. In Catholic school, we were taught to create historical timelines with important dates or events to celebrate. The significant difference here is that I would have preferred that none of these events had ever happened.”
“El año pasado surgió la idea de crear lineas de tiempo que acompañaran las muestras expositivas y las nuevas piezas con el fin de ayudar al espectador a entender todos los momentos y detonantes de las piezas performativas de carácter más procesual. Así en Volver al padre la línea de tiempo estaba dirigida a todos aquellos acontecimientos traumáticos marcados por el abuso, la negligencia o el abandono protagonizados por figuras paternas. En la muestra actual Mis familias 1988-2024 triplicamos el tamaño de la línea de tiempo al ser sucesos no solo protagonizados por la paternidad sino por cualquier tipo de contaminación familiar. Aunque la línea de tiempo surge como una guía pensada para el público, para mi supone uno de los procesos más íntimos y catárticos posibles. La construcción de las mismas, adaptadas a cada obra o lugar, las realizo de manera pública en momentos de actos performativos o residencias artísticas en abierto. Así que muchas de ellas viven y beben de la colectivización del relato.
Poder leer en una gran pared blanca mediante vinilo todas las experiencias dolientes sufridas es un ejercicio de gran complejidad pero que ayuda como acto de reconocimiento y aceptación del trauma. La violencia no se asume hasta que se nombra, hasta que se lee, hasta que se comparte. La gran revolución de las personas marcadas por el trauma es compartirlo hasta tumbar a los maltratadores, a los abusadores y poner rostro a los fantasmas. Creo que de alguna manera está pendiente la linea de tiempo total y no únicamente adaptada a un marco expositivo, pero supongo que llegará. Si la linea de tiempo en una pared duele, imaginad lo que supone tenerla marcada en la piel para siempre.
Victoria Luján intenta interrumpir el embarazo no deseado hasta en tres ocasiones, no siendo posible en la conservadora Pamplona. Ante la imposibilidad, negado el derecho de ambos, continua el embarazo. Abel Azcona nace en la Clínica Montesa de Madrid de manera prematura y con evidente síndrome de abstinencia. Abel y su madre son trasladados de urgencia a la maternidad del Hospital Niño Jesús. Azcona es introducido durante tres semanas en una incubadora. Victoria Luján Gutierrez consecuentemente le abandona en el Hospital Niño Jesús. Manuel Lebrijo, pareja sentimental de Victoria, recoge al niño en el Hospital y se traslada junto a él a Pamplona. Manuel ingresa en prisión y Abel permanece con la familia de él en situación de precariedad. Convive con muchos otros niños abandonados en el piso de la madre de Manuel. Manuel conoce en prisión a una catequista y trabajadora social de Cáritas que se interesa en el que él presenta como su hijo: Abel Lebrijo. El 1 de abril Abel Azcona es bautizado en la Parroquia San Vicente de Paúl organizado por la voluntaria de Cáritas en la prisión donde se encuentra Manuel.
La línea de tiempo es una instalación de palabra y documento que consiste en mostrar mi historia de dolor sin ningún tipo de miramiento o edulcorado. De forma fría casi aséptica enumero cada maltrato, cada abuso y cada abandono que de alguna manera han forjado quien soy hoy. En clases del colegio católico nos hacían hacer cronologías históricas, con fechas importantes o a celebrar, aquí la gran diferencia es que hubiera preferido que ninguna de esos sucesos hubiera acontecido nunca.”
La línea de tiempo es una constante en las muestras de Azcona. Cada línea se adapta con los sucesos traumáticos a la mirada y propuesta curatorial de la exposición.
The timeline is a constant in Azcona's exhibitions. Each line adapts with the traumatic events to the vision and curatorial proposal of the exhibition.
Expediente 09872 (1988 - 2015)
Objeto, documentos, performance. Selección de documentos con datos familiares.
Obra artística y de performance, de contenido crítico y biográfico. La pieza tiene una base procesual, al ser creada de manera involuntaria durante los primeros años de infancia y crecimiento del artista. En ella muestra de manera instalativa y documental su propio expediente de Bienestar Social. A lo largo de ciento veintiocho páginas encontramos situaciones concretas que llevaron al desamparo y abandono de Azcona siendo menor. En los documentos se narra el estado de un niño en situación de total de abandono, con visibles signos de abuso, de descuido y de desnutrición, y se aportan testimonios de vecinos y el entorno confirmando que el menor se llegaba a encontrar semanas en total soledad en el apartamento, que no cumplía las condiciones mínimas de habitabilidad. Con esta pieza, Azcona se expone plenamente, posibilitando al espectador conocer e intimar con cada una de las experiencias infantiles y vitales que le han formado como artista y persona.
“I was born on April 1, 1988. The birth certificate, numbered 2841329 and dated December 2, 1991, proves that legally, I did not exist until nearly four years of age. I was twenty or twenty-one when I obtained the complete document from the Superior Court of Justice of Navarra. After several months of negotiations, refusals, and complications, I managed to get a judge who advocated for transparency and the right to know in searches for origins to photocopy all one hundred and twenty-eight pages in their entirety. This included dozens of pages and data that are not typically provided in a standard search for origins process. Information on evaluations of foster and adoptive families, transcriptions of calls made by the environment, neighbors, and relatives to Social Welfare and guardianship of minors. Documentation of resignations and diverse testimonies by different families. Additional assessments, signatures, phone numbers, and a final document demonstrating that the last renunciation of paternity could not be carried out despite two opportunities; one due to drunkenness and another due to absence. Reading through the pages, it becomes evident that I was a child in a situation of abandonment, total solitude, or without vital joy, leading me to regress to moments I remember and others constructed by me.
Since that day, the complete document has accompanied me in my writing and in the creation of many of my works. These documents are, for me, life stories that disappeared and were hidden behind my adoption. Returning to my origins, understanding them, and internalizing them have shaped who I am now.
More than a hundred pages of a file that include reports of custody withdrawals, evaluations of different families: the original family, foster family, and adoptive family. Documents from Social Welfare with indicators showing situations of abuse, neglect, or child maltreatment. Dozens of pages with data, ideas, and signatures. Whenever I have the file in my hands, I spend several minutes looking at the first page. On it, you can read “Exp. 09872.” For years, I was not Abel; I was not a child—I was just a number. Whenever I think of all those papers, now displayed in a museum, a phrase that repeats up to three times dominates my thoughts: “A child without vital joy.”
The file 09872 is undoubtedly the foundation of many of my works, but it has become a documentary installation in itself. For years, I decided to read it as a performance, allow the public to consult it, or create actions with some of the data contained therein. But ultimately, I exhibited it in its entirety, which proved to be clearly liberating.”
“Nací el 1 de abril de 1988. La partida de nacimiento 2841329, fechada el 2 de diciembre de 1991, demuestra que legalmente no existí hasta cerca de los cuatro años de edad. Tenía veinte o veintiún años cuando conseguí el documento completo en el tribunal Superior de Justicia de Navarra. Después de varios meses de gestiones, negativas y complicaciones, conseguí que un juez que defendía la transparencia y el derecho a saber en las búsquedas de orígenes me fotocopiara las ciento veintiocho páginas en su totalidad, incluyendo en el escrito decenas de páginas y datos que normalmente no se facilitan en un proceso de búsqueda de orígenes al uso. Información sobre evaluaciones a familias de acogida y adoptiva, transcripción de llamadas por parte del entorno, vecinos y familiares a Bienestar Social y tutela de menores. Documentación de renuncia y testimonios diversos por diferentes familias. Más valoraciones, firmas, teléfonos y un último documento en el que se demostraba que no fue posible llevar a cabo la ultima renuncia de paternidad a pesar de dos oportunidades; una por estado de embriaguez y otra por ausencia. Leer entre las páginas que era un niño en situación de abandono, total soledad o sin alegría vital me lleva a realizar una regresión a momentos que recuerdo y a otros por mi construidos. Desde aquel día el documento completo me acompaña en mi escritura y a la hora de crear muchas de mis obras. Estos documentos son para mí unas hojas de vida que desaparecieron y se ocultaron tras mi adopción, por lo que volver a mis orígenes, comprenderlos e interiorizarlos han hecho que sea quien soy ahora.
Más de cien hojas de expediente que incluyen informes de retiradas de custodia, evaluaciones de diferentes familias: familia original, familia de acogida y familia adoptiva. Documentos de Bienestar Social con indicadores que muestran situaciones de abuso, abandono o maltrato infantil. Decenas de hojas con datos, ideas y firmas. Siempre que tengo el expediente entre mis manos, permanezco varios minutos observando la primera página. En ella se puede leer «Exp. 09872». Durante años no fui Abel, no fui un niño, únicamente fui un número. Siempre que pienso en todos esos papeles, que ahora están expuesto en un museo predomina una frase que se repite hasta en tres ocasiones: «Un niño sin alegría vital».
El expediente 09872 es sin duda la base de muchas de mis obras, pero se ha convertido en una instalación documental en si. Durante años decidí leerlo en performance, dejar al público consultarlo o crear acciones con algunos de los datos que figuraban en el mismo. Pero finalmente lo expuse de manera completa, lo que resultó claramente liberador.”
Jesús y María (1992 - 2011)
Objeto, documentación, performance y dibujo. Obra completa.
Obra objeto creada a partir de tres procesos claramente diferenciados: La búsqueda del expediente de adopción donde el artista consiguió decenas de documentos y las primeras partidas de nacimiento y registro que habían sido suprimidas y retiradas del registro civil, donde finalmente consigue uno de los registros oficiales donde es registrado como hijo de Jesús y de María evidenciado la gran herencia católica de las instituciones. El segundo proceso son las fotografías dentro de una ceremonia ritual católica vinculada al Opus Dei en la Parroquia San Vicente de Paúl de Pamplona. Así en el último proceso encontramos un retrato del artista creado desde sus propias facciones y las de un posible padre desconocido, pero al haber sido registrado como hijo de Jesús, de una manera metafórica, crítica e irónica nos encontramos este dibujo en una fusión fisonómica de aquel padre ficticio que las instituciones católicas forzaron y el rostro del propio artista.
“Sea lo que sea, la manera en la que cuentes tu historia en línea puede marcar la diferencia.”
“En el sacramento de la eucaristía hay un momento para agradecer y ofrecer a Dios. En mi colegio católico, de niño, me sentía humillado al tener que dar gracias por mi madre adoptiva y por haberme acogido en su familia. Era un niño afortunado. La relación era tan complicada que, aunque hubo momentos buenos, la sensación no era ni mucho menos de agradecimiento. No existe el derecho a adoptar, al contrario, sí existe el derecho del menor a tener una familia, pero la situación con mi madre dificultó que el vínculo fuera sano y yo sintiera la pertenencia.
Jesus y María es una obra objeto creada desde otras piezas, utilizando un documento original extraído del expediente de adopción y abandono y una serie de fotografías relacionadas con mi adopción y educación católica además de un dibujo creado de manera irónica desde mis rasgos y los rasgos de una estampa de Jesucristo.
Una pieza creada con objetos relacionados con la herencia católica incluyendo también una reproducción del pañuelo que llevo al cuello de una de las fotografías. Un niño que nace obligado ya que a su madre no se le permite abortar en la católica Pamplona a pesar de consumir heroína y otras drogas y trabajar como prostituta. Tras la negativa, le obligan a nacer y le adopta una familia extremadamente católica. Y esta le lleva a ceremonias antiabortistas o colocando pañuelos como aquel del cuello. Un cuello de niño.
Jesús y María nace para denunciar que un niño como yo sea obligado a nacer. Nace para evidenciar y criticar la moral católica y la herencia del país al colocar en una partida de nacimiento del menor como padres a Jesús y María por su situación de orfandad. Nace para contar que esos padres cuando me negué a colgarme ningún lema más ultracatólico del cuello también me abandonaron.”
Los cien nombres (1988-2014)
Instalación y documento. Obra completa.
Instalación creada para acompañar la obra creada con el expediente de Bienestar Social de Azcona, también nombrado Abel Luján Gutiérrez, Abel David Lebrijo González, Abel David Azcona Marcos, David Azcona Marcos o Abel David Azcona Ema. La madre biológica de Azcona decidió el nombre de Abel y al registrarlo en la Clínica Montesa como propio fue primeramente Abel Luján Gutiérrez, los apellidos de ella. El menor no es registrado en el Registro civil hasta los cuatro años de edad y, ante el abandono de la madre, la pareja de esta se hace cargo del niño y lo registra como Abel David Lebrijo González, los apellidos de este, a pesar de no ser su padre biológico. Siendo estos los primeros apellidos que constan en documento legal. A partir de entonces, en diferentes registros y documentos como la escolaridad, cambian el segunda apellido por Raposo, la nueva pareja de él. A la edad de seis años empiezan los trámites de adopción y a los siete años pasa a ser conocido como Abel David Azcona Ema, los apellidos de la madre adoptiva. La familia adoptiva rehúsa usar el nombre de Abel desde la adopción porque supone un vínculo excesivo a la madre biológica, que eligió el nombre. A los quince años de edad, Azcona es adoptado por el nuevo marido de su madre adoptiva, por lo que se convierte en Abel David Marcos Azcona y, después de un tramite de inversión de apellidos aprobado por la familia, Azcona vuelve al primer nombre y definitivamente es Abel David Azcona Marcos. A la edad de veinte años decide eliminar legalmente el nombre de David, al no tener ninguna relación con su familia adoptiva y utilizar nueva y únicamente Abel como homenaje a su madre biológica y como respuesta a la prohibición e imposición del otro nombre.
“Sea lo que sea, la manera en la que cuentes tu historia en línea puede marcar la diferencia.”
“Abel Luján Gutiérrez, Abel David Lebrijo Luján, Abel David Lebrijo González, Abel David Lebrijo Raposo, Abel David Azcona Ema, Abel David Marcos Azcona, Abel David Azcona Marcos o Abel Azcona Marcos. Una de las consecuencias de tener una infancia sin raíces, con más abandonos y cambios de familia que estabilidad, ha sido el continuo cambio de nombres y apellidos que han complicado la construcción de mi identidad. Desde el primer Abel de mi madre al Abel definitivo, un intento sucesivo de ocultar mis orígenes.
El 3 de abril de 1988, la pareja de mi madre biológica se hizo cargo de mí en la clínica en la que nací. A pesar de criarme en Pamplona, nací por accidente en un centro dirigido por religiosas carmelitas de la ciudad de Madrid. En esta clínica atendían diariamente a una decena de mujeres vinculadas a la indigencia o la prostitución. El hombre con el que me trasladé a Pamplona como hijo propio me ha contado en varias ocasiones el origen de mi nombre. Una de las religiosas del centro se ocupó de mi madre y pocos minutos antes de que ella me abandonase allí mismo, le facilitó una lista de nombres católicos para que dejara de ser «el niño de la habitación tres». Según su pareja, ella no lo pensó ni un minuto y dijo: «El primero de la lista». En aquel papel manuscrito podía leerse, el primero, el nombre de Abel.
Han sido tantos los nombres y apellidos que figuran en documentos que necesité crear esta guía que luego se convirtió de manera accidental en instalación para que el visitante o espectador pudiera entender la multitud de nombres y apellidos que se pueden leer a lo largo del expediente de abandono y adopción. Durante una temporada también fui únicamente el número 09872. Creo que el haber tenido nombres y apellidos que además se han usado en ocasiones en contra mía para restar veracidad a mi historia de abusado o superviviente ha sido un gran motivante de los problemas de identidad y de salud mental. Una madre que me ha abandonado, otra madre que me ha abandonado y otra madre que me ha abandonado. Tantas familias que me han abandonado.
Los cien nombres es una instalación de palabra y documento de nombres tachados por los que he pasado por situaciones de continuo abandono.”
La casa (2014 - 2015)
Objeto, fotografía, performance y dibujo. Selección de dibujos y fotografías.
Obra performativa de larga duración. La obra procesual comenzó con una selección de dibujos realizados por niños en situación de desprotección, mediante el test psicológico de “La Casa”. Los resultados del test en niños en situaciones extremas de violencia o desamparo coincide siempre en casas oscuras, sin árboles, sol o prevaleciendo un aire de casa abandonada. Posteriormente niños voluntarios, sin ninguna problemática, participaron de forma voluntaria, acompañados de sus padres, en el proceso público mediante una performance en una galería de arte de Madrid. Estos niños y niñas reprodujeron de nuevo estos dibujos, planteando en directo, el proceso real de creación de los mismos. Culminado una pieza larga y procesual, en la que prevalece la denuncia, esta vez desde una visión resiliente.
“Sea lo que sea, la manera en la que cuentes tu historia en línea puede marcar la diferencia.”
“Pintar una casa cuando no la tienes o pintar una familia cuando la tuya te ha abandonado no es únicamente doloroso sino es realmente cruel y complicado Mis manos siempre estaban manchadas de pintura. A los diez años me sometí a diferentes pruebas ante una psicóloga en un centro de Huerta del Rey, en Valladolid. El primer test consistía en dibujar una casa. A partir de mi ilustración, ella me describió como un niño solitario, con una infancia difícil y problemas de sociabilidad. Años después inauguré un centro de arte junto a decenas de niños de familias desestructuradas realizando aquella misma prueba en vivo. Sobrepasado, tuve que abandonar el proceso.
La casa es el resultado de aquellas performance en vivo con niños de historias marcadas por el dolor y el abandono. Y las performances de reactivación de las casas iniciales con otros niños con historias normativas. Todas esas casas dibujadas siempre sin ningún tipo de alegría, sin sol, sin luz, negras u oscuras es algo que se repite, exactamente igual a mi casa dibujada años atrás.”
La sombra (2015 - 2018)
Objeto, fotografía, documentación, instalación y performance. Selección de ocho de las doscientas cuarenta y dos denuncias.
Proyecto artístico, diseñado y gestado en la ciudad de Pamplona, ciudad originaria del artista, como puente y denuncia en torno al abuso infantil posteriormente desarrollada y performatizada por el propio Azcona en diferentes ciudades de España como Soria, Valladolid, Bilbao, Madrid, Tarragona o Barcelona entre los años 2015 y 2018. Al inicio del proyecto, Azcona haciendo un recorrido por distintos parques de Pamplona, acompañó a veintinueve adultos vinculados a historias de abusos a menores. Las treintas historias iniciales, incluida la del propio Abel Azcona construyen una pieza biográfica y crítica, empleando la fotografía, la instalación y el performance como herramienta catártica colectiva. En la muestra, además de las treinta fotografías, una asociada a cada experiencia personal, podemos encontrar una instalación de reproducción real de uno de los parques infantiles dentro del espacio galerístico. En la reproducción del columpio, Azcona permanece sentado de forma permanente invitando al espectador a ocupar el otro asiento. Azcona cuenta en primera persona cada uno de los relatos de los treinta protagonistas del proyecto, así como el suyo propio.
“Sea lo que sea, la manera en la que cuentes tu historia en línea puede marcar la diferencia.”
“«Sólo fue una vez, cinco minutos tan rápido que a veces pensaba que lo había soñado. Nunca lo conté, sólo lo escribí. Leia mi cuaderno para no olvidarlo, porque olvidarlo hubiera sido mentirme a mi mismo. En el colegio no podía contarlo, él era el ejemplo a seguir. Nadie me creería, además él me dijo que lo que me hacía estaba bien. Era amor, y Dios quería que los hombres se dieran amor. Ahora lo recuerdo y siento repulsión. Aquello no era amor y mis miedos no me dejaban asumirlo. Pero siempre me ha perseguido y me persigue como una sombra. Ya no soy capaz de amar a otras personas sin sentirlo antinatural, sin sentirme sucio. Me afectó y me afectará toda la vida. Siempre de alguna forma me acompaña. No me siento víctima, pero muchas veces preferiría no estar vivo, no sentirme manchado por la perversión de personas sin moral ni principios». Años atrás memoricé este relato para narrarlo sentado en un columpio en el marco de la exposición.
La sombra nace con el fin de colectivizar la experiencia de catarsis que sufro y siento cada vez que realizo un acto performativo o artístico. La primera experiencia escrita fue la mía. Tras ese relato cité a veintinueve personas abusadas sexualmente en la infancia en sus barrios de origen en la ciudad de Pamplona. Todas ellas narraron el relato de sus abusos que quedó plasmado en papel y mediante fotografía a los parques infantiles donde habían crecido.
Adelante y atrás se movía aquel columpio de madera mientras el visitante a mi lado temblaba al escuchar la historia. En la primera exposición llevamos treinta historia de Pamplona pero en Soria se narraron veinticuatro historias nuevas. Así que a Tarragona llegaron cincuenta y cuatro cuadros e historias. Y así hasta doscientas cuarenta y dos historias de abuso sexual infantil. El dolor de esta obra es indescriptible, sin embargo creo que es un claro ejemplo de la gran utilidad del arte.
Cuatro de los abusadores protagonistas de las experiencias están en la actualidad en prisión gracias al relato contando en la pieza artística.”
Doscientas sesenta y ocho (2017)
“Sea lo que sea, la manera en la que cuentes tu historia en línea puede marcar la diferencia.”
“Paseé durante horas por la isla de San Servolo. Instantes antes de estrenar mi obra en el marco de la bienal, me alojaron en un espacio en la misma isla. Curiosamente, cada habitación tenía un nombre. La mía se llamaba Alessia. Al lado de mi cama explicaba que una enferma mental del mismo nombre había sido internada en aquella estancia y había fallecido en ella. El palacio que recorre toda la isla antes de ser hospedería y espacio artístico fue uno de los mayores hospitales psiquiátricos que sucumbió a las llamas y fue reconstruido años después. En la isla de San Servolo de Venecia activé una acción en el marco de un pabellón performativo que traía la obra de Hermann Nitsch y Otto Muehl, grandes artistas de acción, que además he tenido la oportunidad de conocer. Mi performance era la parte de acción en vivo y en ella decidí durante nueve horas consumir doscientos sesenta y ocho cigarros un poco cada día de gestación. Una acción de larga duración y resistencia física donde terminé con atención médica.
Fui gestado obligatoriamente en heroina, alcohol y otras drogas, a mi madre no le permitieron abortar, y esa gestación-basura obligada me provocó nacer prematura y con síndrome de abstinencia. En esta obra repetía metafóricamente y violentamente aquellos días de obligada maduración en el vientre de mi madre.”
Placa en la Clínica Montesa (2020)
“Sea lo que sea, la manera en la que cuentes tu historia en línea puede marcar la diferencia.”
“A finales del mes de marzo de 1988, mi madre y su compañero viajaban a Madrid desde Pamplona. De forma imprevista y prematura terminaron en una clínica en la calle Montesa. En las habitaciones contiguas parían indigentes y prostitutas. A la entrada, la gente se inyectaba heroína. Dos días después, en la habitación del fondo del pasillo, Victoria, que planeaba abandonarme, me parió a mí.
Ir por primera vez a la clínica donde naciste a colocar una placa en defensa de tu derecho a no haber nacido es algo que se recuerda. De la misma manera que nunca olvidaré las palabras de mi madre cuando nos contó que antes de darme a luz intentó abortar hasta en tres ocasiones. Para mí es el mayor acto de amor que nadie hará nunca por mí. El dolor es algo inherente a la vida. No obstante, si antes de nacer la gestación es asediada por consumos diarios de alcohol y heroína y la madre no puede abortar por sus escasos recursos y la prohibición del entorno, es evidente que el recién nacido lo hará con heridas y problemas. ¿En qué momento es necesario nacer por nacer? Yo no debería haber nacido nunca.
La placa de la Clínica Montesa fue una performance en la que coloqué en la fachada de la misma una placa que rezaba Aquí nació Abel Azcona cuando únicamente era Abel. Su madre, como acto de amor, luchó para que no naciera. Tras tres abortos no concedidos, Azcona sobrevive como cuerpo y objeto político. El aborto es y puede ser una de las mayores medidas de protección a la infancia. La placa fue denunciada por organizaciones antiabortistas y ultracatólicas y fue retirada. Desde entonces es expuesta como obra en diferentes espacios expositivos.”
Los libros de familia o las fotografía que mi madre adoptiva arrojó a la basura (1992-2023)
“Sea lo que sea, la manera en la que cuentes tu historia en línea puede marcar la diferencia.”
“Una mujer soltera de veinticinco años me adoptó pocos días antes de cumplir yo los siete. Ahí empezaron doce años de mi vida que siempre recuerdo con sentimientos encontrados. Yo nunca seré padre. Si denuncio el haber nacido en el marco en el que he nacido, sería incongruente por mi parte que en mi contexto tuviera un hijo. Mi madre tampoco debió tener un hijo. Y la mujer que me adoptó, en mi opinión, tampoco. Es triste, pero los recuerdos que más me han marcado en los doce años de intento de construc- ción del concepto de familia son los castigos. Duchas de agua fría, horas encerrado en una despensa, desnudos forzosos bajo el pretexto de habérmelo dado todo y tener derecho a quitármelo y amenazarme con desterrarme de casa bajo la misma premisa. Repetía siempre que me merecía los castigos y negaba las situaciones más graves hasta tal punto que un día decidí, en el interior del pomo dorado de mi habitación, dejar unas pequeñas marcas cada vez que me sangraba la nariz. El número de marcas superó las que era capaz de contar con los dedos de mis manos. Me recuerdo sujetando el teléfono en infinidad de ocasiones con la idea de llamar a un número de protección a la infancia.
Tras mi regreso de los dos años que viví en la calle en Madrid intenté reconducir durante unos meses la relación con la madre biológica. Lo cual fue traumático e imposible. Tras el abandono definitivo ella mediante una llamada me avisó que había arrancado definitivamente todas mis fotografía de marcos y álbumes familiares. Borrándome para siempre. Me informó que iba a arrojar todo a la basura y me daba una oportunidad para salvar todas aquellas fotografías apelotonadas en una bolsa de basura. En un encuentro de unos minutos enfrente del videoclub Policarpo de la Avenida Bayona de Pamplona me arrojó la bolsa que había guardado hasta hace unos meses intacta. En el marco de esta muestra decidí abrir la bolsa y revolver las fotografías. Así surgió esta nueva pieza donde compuse cuatro álbumes completos como si hubiera tenido una vida familia e infancia normales. En cambio si las fotografías se observan en detalles se ven gestos de abandono y golpes en mi rostro de niño en muchas de ellas. Los álbumes parecen de hablar de una infancia protegida pero es una realidad muy lejana.
Pocos ejercicios me parecen mayor apertura y exposición pública que mostrar esas fotografía tal cual son para que el público las manipule a su antojo. Es una obra dolorosa y de hecho muchas de estas fotografía que mismo no he sido capaz de analizar.”
La búsqueda (2012-2024)
“Sea lo que sea, la manera en la que cuentes tu historia en línea puede marcar la diferencia.”
“Buscar a mi madre ha sido siempre mi principal pensamiento tanto en mi vida como en mi obra. Muchas veces algunas piezas eran como ir dejando una pequeña huella para que ella pudiera encontrarme.
En mayo de 2015 recibí la llamada de un trabajador social que me había ayudado cuando viví en la calle a los dieciocho y diecinueve años. A través de un programa llamado «Campaña del frío» había localizado a mi madre biológica en un albergue al sureste de Madrid. Casualmente, yo había dormido una semana en ese mismo lugar durante el tiempo que pasé perdido por aquellas mismas calles.
Nos encontramos en una cafetería en la Plaza de la Luna de Madrid. Yo estaba sentado en una mesa, y un mediador y amigo, en otra mesa con ella. Victoria estaba visible- mente nerviosa. Habló de la muerte, del consumo de drogas, de su situación y de sentirse abandonada. En la misma conversación refirió que había dado a luz una vez, y a la media hora, afirmó que en cinco ocasiones. Eran patentes el desgaste físico, la extrema delgadez, la falta de dentadura y un temblor continuo. Yo permanecí durante toda la charla en la mesa contigua, ya que ella respondió con una negativa, de forma muy contundente, al ofrecimiento de conocerme en primera persona. Desde aquella mesa observé y escuché cada detalle. Mi madre nunca sabrá que yo estaba allí.
Ella hablaba de mí. Decía que no debía haberme tenido, pero que no fue capaz de hacer nada al respecto. Nos contaba su situación, lo difícil que era la vida. Sorprendentemente, repetía una palabra más veces que ninguna, la palabra «empatía». Asumí que tenía razón, que en raras ocasiones sentimos empatía hacia mujeres en situaciones como aquella. Reflexioné sobre sus palabras durante mucho tiempo. A mi vuelta a Bogotá, decidí realizar mi primer proyecto artístico sexualmente explícito, Empatía y Prostitución. La primera vez que permanecí desnudo en una cama a merced de los visitantes, en Colombia, participaron 134 personas.
La búsqueda fue la asunción de la búsqueda de orígenes de mi madre como pieza artística convirtiéndolo mediante dibujo y relato en una obra procesual concluida.”
La última hora (2015)
Performance y fotografía. Selección de fotografía original de la performance (Cortesía de Rossmut Gallery, Roma.)
Obra performativa activada en Roma, durante tres días el artista, sus galeristas y el comisario recorrieron las afueras de Roma en busca de una mujer en ejercicio de la prostitución, que recordara físicamente a la madre del artista Abel Azcona. Cuando la encontraron la invitaron a participar en la performance, el mismo día de la inauguración de Las Horas en la galería Rossmut en la ciudad de Roma. La última hora es una obra performativa site specific activada por Abel Azcona el día 16 de noviembre de 2015 en la ciudad de Roma.
“Sea lo que sea, la manera en la que cuentes tu historia en línea puede marcar la diferencia.”
“El 16 de noviembre de 2015 es una fecha que siempre estará en mi memoria. Aquella semana fue intensa en lo personal y en lo profesional, en mi carrera artística y en mi proceso vital, ya que el 16 de noviembre se inauguró el proyecto y exposición Las Horas de forma completa en la ciudad de Roma. Si ya este proyecto es para mí uno de los más difíciles en lo emocional, más lo fue teniendo en cuenta que cuatro días después inauguré una gran exposición retrospectiva que me dedicó mi ciudad adoptiva, Pamplona, en el interior del Monumento a los Caídos. El día tras la inauguración en Pamplona, cientos de personas se manifestaron y denunciaron algunas de las más de cien obras que formaban una muestra de casi la totalidad de mi obra. Una semana que comenzó inaugurando un proyecto sexual-afectivo de gran dureza y concluyó con mi vuelta años después a mi ciudad adoptiva, con gran controversia y un recibimiento cuanto menos cuestionable. Tanto la inauguración en Roma como la inauguración en Pamplona fueron emotivas; son acontecimientos que van a estar siempre marcados en mi vida personal y artística. No obstante, existe un primer acto no tan conocido: el detonante de mi exposición en Roma - una obra paralela o, según se mire, la pieza principal. Tres días antes de la inauguración en la capital italiana comencé una búsqueda, junto a agentes locales, colaboradores, mis galeristas y el propio comisario, por las calles de Roma, las carreteras colindantes, las afueras de la ciudad, locales, contactos telefónicos o la red. El 16 de noviembre se inauguró una pieza bautizada Las Horas, reactivación de una performance corporal, física y presencial realizada previamente en la ciudad de Madrid. En ella, mantuve 24 horas consecutivas de contacto afectivo y sexual con participantes de diversa índole, siendo una pieza abierta a cualquier espectador o visitante interesado. Mi objetivo al comenzar la búsqueda era encontrar una mujer para compartir una última hora, o quizás una primera, ambas lecturas podrían ser válidas, al entenderse este encuentro forzoso como un nuevo ejercicio de regresión. La búsqueda de tres días me llevó a contactar y dialogar con diferentes mujeres en ejercicio de la prostitución por carreteras de las afueras de Roma, mediante teléfono o en red, hasta encontrar a una mujer prostituta de una edad y una apariencia física similar a la de mi madre biológica. Así, el 16 de noviembre a las 19 horas, Giorgia, una mujer napolitana de unos cincuenta años y yo compartimos una hora en una habitación reconstruida de forma similar a la habitación original donde se desarrolló el proyecto Las Horas, en un hotel vinculado a la prostitución en Madrid.
La última hora es la primera vez que la necesidad de buscar o tener una madre provoca que la sustituya performativamente. Tras esta obra habrá muchas donde busco madres nuevas o madres sustitutas. Durante una hora una madre prostituta con parecido fisionómico a mi madre biológica, me escuchó, abrazo y compartió la cama de aquella galería de arte romana.”
Empatía y prostitución (2012 - 2013)
Performance, video, fotografía, instalación y objetos. Selección de objetos, instalación y video de la performance.
Pieza artística diseñada, desarrollada y performatizada por el artista en las ciudades de Bogotá, Madrid y Houston. Tres ciclos claramente diferenciado, realizadas en Colombia, España y Estados Unidos durante los años 2013 y 2014. Azcona trata de buscar mediante su trabajo la conexión con una madre prostituta que le abandonó al nacer, que le condenó a una vida plagada de sucesos traumáticos y por la que ha desarrollado una personalidad apática y carente de vínculos afectivos. Un niño que creció en un entorno de abusos y malos tratos, y que únicamente cuando los reproduce se encuentra con su yo infantil anecdóticamente incorrupto. En este proyecto trata de empatizar con el momento justo de su concepción, instante fortuito y desarraigado fruto de un encuentro entre muchos. Lo encontramos completamente desnudo en el centro de la que es su habitación durante este tiempo, una estancia íntima abierta al público dentro de la galería. Además de la estancia, abre totalmente al espectador su propio yo, desnudo y débil. El artista al inicio de la performance, sin ropa, en posición fetal y esperando entre sábanas blancas, se muestra frágil e inocente mientras decenas de personas le observan y pasan por su cuerpo dejando huella. Violencia, sexo y cariño en manos de desconocidos acarician el cuerpo del artista.
“Sea lo que sea, la manera en la que cuentes tu historia en línea puede marcar la diferencia.”
“Los dos únicos antecedentes de mi madre que he conocido han sido sus vínculos al mundo de la adicción y a la prostitución. Ambos condicionan mi vida desde la noche de la concepción, un intercambio monetario forzado y sexual, hasta la gestación en sí, marcada por los continuos consumos. Dos términos, dos modos de vida y destrucción, que de alguna forma yo mismo he heredado.
Jugar como un niño entre sábanas blancas a ser un hombre pero sin ser capaz de amar, a ser un hombre pero sin ser capaz de sentir, a ser un hombre pero únicamente como trozo de carne expectante creada y nacida para otros. Nací de la compra del cuerpo de mi madre, y la venta del mío hace que mi piel se sienta como ella aquella noche. A lo largo de mi vida no me he dejado lastimar. He intentado no vincularme para no sufrir. Abandonos de los que no soy culpable, a lo largo de mi infancia y mi adolescencia han hecho que tenga terror a sentir. Y el terror a sentir por su lado, ha conseguido eliminar de mi esa capacidad, un paso adelante, o atrás según se mire, en la evolución. En mi evolución. Que sin querer se encontró lo peor de la evolución de otros siendo tan solo un niño. Nací siendo un hijo de puta. Siempre dicen que heredamos cosas de nuestras madres, en mi caso, este es uno de los pocos datos que tengo de la mía. Es mi herencia. Ciento treinta y nueve personas han pasado por mi cuerpo desnudo y herido en esta experiencia, marcada por el dolor, el aprendizaje y la denuncia. Mientras me lamían, me dañaban o me escupían, las lágrimas permanecían en mis ojos, dispuestas a aparecer.
La primera vez que realicé el proyecto Empatía y Prostitución fue en Bogotá. La performance se desarrolló en el contexto de una residencia artística en la Galería Santa Fé del centro de la ciudad. Decidí llevar a cabo la acción en la misma habitación y en la misma cama en la que había dormido durante los días previos. Los visitantes com- partieron el colchón y las sábanas a ras de suelo que yo mismo había habitado una semana antes. Al terminar el duro proceso de más de dos horas, decidí quedarme allí, en esa cama, a pasar la noche. Hoy pienso que debía haber dormido en otra parte. Ciento treinta y cuatro personas pasaron por mi cama. Cada una de ellas con sus experiencias, su vida, su cuerpo y su dolor. Todas tuvieron que pagar cien pesos colombianos.
A diferencia de cuando Empatía y Prostitución se realizó en Bogotá o en Houston, en Madrid se presentó en el marco de una feria de arte en el interior de un hotel. El evento permitió mostrar la obra dentro del espacio y la cama del propio establecimiento, al encontrarse en la calle de la ciudad más ligada a la prostitución. Mis ojos, dentro del proceso, atravesaban las ventanas observando a las decenas de prostitutas que de forma obligada vendían su cuerpo en la acera. En Madrid ofrecí mi cama en dos ocasiones y casi doscientas personas transitaron por mi cuerpo. Cien pesos colombianos en Bogotá o un euro en Madrid son precios simbólicos en representación de lo que la prostitución conlleva en cuanto a poder, abuso y sumisión.
La última vez que realicé Empatía y Prostitución fue en Houston, para inaugurar la Bienal Internacional de Performance de la ciudad. En una galería de arte llamada Box 13 construimos una instalación mediante colchones usados, sábanas y una vieja lámpara. La cama terminó destrozada, los participantes la impregnaron de alimentos, fluidos y agua, confluyendo con mi cuerpo derrotado. Fue uno de los procesos más difíciles que he vivido en torno a lo sexual y lo afectivo. El último país donde ejecuté la performance fue Estados Unidos. Ciento dos personas pagaron un dólar por tocar mi cuerpo, abusar de él o maltratarlo. En una de las camas donde los visitantes invadían mi cuerpo, una de las participantes escribió en un cuaderno su historia para que yo la leyera. Su padre le había quemado la cara con ácido después de contarle a su madre los abusos sexuales cometidos por él. En la hoja pude leer que aquel beso que nos dimos fue el primero desde aquella terrible experiencia. Aquel papel que arrancó y depositó encima del colchón es de las pocas obras que tengo enmarcadas en mi dormitorio.”
Las madres imaginarias (2022-2023)
Performance, instalación y dibujos. Selección de setenta y cinco de los ciento ochenta y cinco dibujos totales y edición especial de La madre imaginaria de Azcona.
Obra performativa desarrollada durante el año 2022. Es un proyecto de arte procesual mediante la instalación, el dibujo, la fotografía, el video y la performance, que el 21 de
enero de 2022 por primera vez es performatizado por diferentes dibujantes y testimonios personales de participantes y visitantes de la galería de arte Talō en la ciudad de Cuenca en Ecuador. Una considerable cantidad de retratos como resultado de un proceso de reflexión, en el que un gran número de personas, huérfanos o sin madre, o con maternidades complejas, describieron como sería su madre imaginaria. Una pieza que invita al espectador a pensar sobre la persona que ejecuta la maternidad, en el caso de Azcona, una madre en ejercicio de la prostitución.
“Sea lo que sea, la manera en la que cuentes tu historia en línea puede marcar la diferencia.”
“Mi madre imaginaria estará a mi lado los días grises. Mi madre imaginaria sería un lugar de refugio y abrazo. Mi madre imaginaria sería blanda, suave y confortable. Mi madre imaginaria no me abandonaría nunca. Mi madre imaginaria sería compañera, amiga, confidente. Mi madre me diría todos los días que me quiere.
Perder a una madre me parece uno de los actos más crueles de la naturaleza. Yo he perdido a tres. Las madres imaginarias supone un ejercicio procesual que posibilita verbalizar públicamente ideas construidas desde la imaginación en torno a las figuras afectivas ausentes, por abandono o dejadez, en nuestro habitar.
Son varias las obras en las que he mezclado el dibujo en directo, convirtiéndolo en una seña personal dentro de la performance. En Los padres los dibujantes, expertos en fisionomía, dibujaban retratos de posibles progenitores desde la descripción física de las prostitutas. En Las madres imaginarias los relatores o protagonistas que se encargan de describir en vivo en cada una de las performance realizadas en ciudades como Cuenca en Ecuador, Santiago de Chile o Ciudad de México, son personas marcadas por la orfandad o por la ausencia de madre, provocada por abandonos, muerte o negligencia. Por eso en esta obra encontramos casi doscientas madres imaginarias construidas como sustitución o fantasmas de la madre ausente.
En mi caso personal durante años inventé madres imaginarias con el fin de cubrir el dolor que suponía no tener una madre, o tener una mala madre. El detonante de la obra fue mis continuos pensamientos en torno a ello y la necesidad de imaginar madres que me acompañarán en el proceso vital. A la edad de doce años, durante todo el curso escolar guardé una fotografía arrugada dentro del pupitre. Todas las profesoras me relegaban a la última mesa de la clase, a pesar de que por mi apellido me correspondía la primera o la segunda. En aquellos meses les conté a mis compañeros que la mujer de esa fotografía era mi madre. Recuerdo que era una actriz morena que llevaba un vestido blanco. La debí arrancar de alguna revista. En el tercer cajón de la mesa, en casa, acumulaba revistas viejas que compraba o sustraía de bibliotecas, tiendas o buzones, todas ellas me servían para construir madres imaginarias.”
La madre blanda (2023-2024)
Performance, instalación, escultura y bocetos. Primera parte de la obra completa.
La obra escultórica y performativa supone una nueva búsqueda, esta vez desde los pictórico a la escultórico confluyendo en lo performativo. Azcona en interacción creativa junto al artista Antonio Portillo Carbonell busca, detona y crea una madre ficticia como acompañamiento y suplantación de una posible madre real, inexistente en el caso de Azcona. Desde una mirada íntima tanto Portillo como Azcona construyen e idean, respectivamente, una madre ficticia que abraza, acuna y se abre para entrar en ella, metafórica y literalmente. Durante el año 2023 Azcona convive diariamente con la madre blanda.
“Sea lo que sea, la manera en la que cuentes tu historia en línea puede marcar la diferencia.”
“Sustituir o reemplazar a una madre no es posible del todo. La adopción u otros sistemas de suplantación nunca funcionan cien por cien eficazmente. Siempre hay agujeros en la arcilla por donde se cuela el agua. Toda mi obra ha consistido en buscar a una madre que me abandonó. Muchas de mis piezas son una suplantación de aquella madre. Esta obra es la sustitución más evidente. Decido encargar un escultor valenciano especializado en tela y escultura blanda una madre a medida. En primer lugar realizamos una serie de bocetos con mis necesidades: una madre blanda a la que poder abrazar, de un tamaño similar al mío, donde pudiera entrar por lo menos parcialmente si quisiera regresar a su interior, una madre que pudiera sentarse a mi lado, colgarse o permanecer erguida, una madre que me acompañara, que fuera suave y confortable. Una madre blanda que no me abandonará, que pudiera dormir conmigo en la cama como nunca durmió nadie cuando yo era niño, que pudiera abrazar en momento de dolor o soledad o que pudiera suplir o hacerme olvidar el continuo sentimiento de abandono que me persigue cada día de mi vida.”
El adiós a la madre (2022)
Performance, video e instalación. Video y obra completa.
Video creado a modo de cierre y despedida de las obras de Azcona en torno a la figura materna. El video fue creado para una instalación comisariada por Abramović en el Teatro Carré de Amsterdam. Acompañando el video de La Savia donde Azcona consumía heroína en una performance y Empatía y prostitución donde se prostituía el cuerpo del artista.
“Sea lo que sea, la manera en la que cuentes tu historia en línea puede marcar la diferencia.”
“Mi madre es tan protagonista de mi obra como yo mismo. Mi madre, mi obra y yo somos algo indisoluble. En el año 2022 decidí cerrar las obras en torno a la maternidad con una muestra en Amsterdam comisariada por Marina Abramović. En ella podía verse tres grandes videos en una instalación subterránea donde las obras dialogaban entre sí. El primero de los videos era una reproducción de la obra Empatia prostitución donde realizaba intercambio sexual en un museo de arte de Houston, el segundo video era la primera reactivación de la obra La Savia donde consumía heroina y mi cuerpo desfallecía y el tercer video fue creado especialmente para la muestra. El video se creó en el marco de la inauguración en el Círculo de Bellas Artes de Madrid como fin y cierre de los proyectos de maternidad. Con las obras de prostitución y sexualidad explicita cerradas y las obras de consumo de estupefacientes y heroina se cerraba un ciclo en torno a la madre. Así nace un video creado como despedida.
¿Dónde estás mamá?, ¿dónde estás mamá?, ¿dónde estás mamá?, ¿dónde estás mamá? es la pregunta que repito a lo largo de todo video entremezclada con la narración y el porqué de mis obras como continua búsqueda.
El adiós a la madre fue concebido como un cierre y despedida sin embargo los nuevos acontecimientos y aparición actual de la madre biológica obligó a reabrir la clausura de la obra.”
La savia (2022)
Performance, video, instalación y fotografía. Video creado con las dos performances activadas en Madrid y Amsterdam.
Obra de performance radical y de resistencia creada a modo de cierre de las obras de Azcona en torno a la figura materna, prostituta y heroinómana, el artista consume heroína exponiendo el cuerpo al público que puede ver la degradación del cuerpo hasta la extenuación. La primera activación fue en el Círculo de Bellas Artes de Madrid y la segunda en un formato de larga duración y con interacción del público en el Teatro Carré de Amsterdam comisariada por Marina Abramović.
“Sea lo que sea, la manera en la que cuentes tu historia en línea puede marcar la diferencia.”
“Trabajar con el dolor y el cuerpo al límite, convivir con heridas y una enfermedad mental, dormir despierto invadido por terrores nocturnos, todo ello conlleva un espíritu de resistencia. Y cuando este fracasa, noches errantes por alguna calle de alguna ciudad del mundo, empapadas de alcohol y cocaína, me permiten subsistir de un modo anestesiado.
Los dos únicos antecedentes de mi madre que he conocido han sido sus vínculos al mundo de la adicción y a la prostitución. Ambos condicionan mi vida desde la noche de la concepción, un intercambio monetario, forzado y sexual, hasta la gestación en sí, marcada por los continuos consumos. Dos términos, dos modos de vida y destrucción, que de alguna forma yo mismo he heredado.
Casi diez proyectos artísticos de temática sexual explícita, abusos, prostitución y mi propia experiencia vital como abusado y prostituto ha arrasado mi cuerpo. No bastante, una gran tarea pendiente era reactivar la conexión materna de la heroína. Mi cuerpo había sido gestado en heroína en el vientre de mi madre por lo que era imprescindible en algún momento realizar aquel acto de regresión. Ese fue el motivo porque el que decidí crear La Savia en el Círculo de Bellas Artes de Madrid y posteriormente reactivarlo seis veces consecutivas.
Durante más de una hora se ve mi cuerpo totalmente drogado intentado desfallecer, volviendo al útero, abrazando a mi madre.”
Los padres (2016-2021)
Performance, instalación, objeto, testimonios, video y fotografía. Selección de setenta y cinco padres y el video de la performance original.
Obra artística diseñada y desarrollada durante los años 2016 y 2021. Un proyecto de arte procesual mediante la instalación, el dibujo, la fotografía, el video y la performance, que el 26 de Junio de 2016 por primera vez es performatizado por nueve mujeres vinculadas al mundo de la prostitución y nueve dibujantes formados especialmente para la pieza, en Fisionomía y Reconocimiento Facial. Ciento veinte retratos como resultado de un proceso de más de dos años de duración en el que más de cien mujeres, en ejercicio de la prostitución en el pasado, de diez nacionalidades diferentes se han sentado, literalmente, en una mesa interminable instalada en diferentes galerías y museos de España y Latinoamérica. Una pieza que invita al espectador a reflexionar sobre la paternidad, en el caso de Azcona, un padre desconocido y una madre en ejercicio de la prostitución.
“Sea lo que sea, la manera en la que cuentes tu historia en línea puede marcar la diferencia.”
“Las paredes de la galería estaban llenas de retratos hechos durante varios meses. En una larga mesa se encontraban decenas de mujeres supervivientes del ámbito de la prostitución. En el otro extremo, decenas de dibujantes que horas antes habían recibido formación específica en la realización de retratos para identificar a personas por parte de policías voluntarios. Durante una hora, ellas describieron a su último cliente. La mesa acabó llena de retratos de todos aquellos hombres. Siempre pensé que cualquiera de ellos podía ser mi padre. El que pagó a mi madre la noche de mi concepción. Una noche marcada por el abuso y el poder. El día que inauguramos la exposición completa con más de cien retratos en una ciudad al norte de Colombia, mis ojos se detuvieron en un retrato en concreto. Desde entonces, en mi cabeza mi padre tiene ese rostro.
Resultaba realmente complicado diseñar una obra sobre mi paternidad cuando la única certeza era que mi padre era un putero o un cliente de prostitución. Tenía claro que las palabras y el testimonio que se debía escuchar era el de ellas y no el de ellos. Por lo que sentar la mesa llena de mujeres supervivientes surgió casi de manera natural. Sentra frente a ellas dibujantes o creadores dispuestos a escucharlas fue el siguiente paso. Y los dibujos donde figura metafóricamente o realmente la cara de mi padre eran el resultado necesario de la obra. Abusadores, violadores y puteros llenando paredes de museos. Una obra crítica, vivencial y que abraza lo narrado por mi madre en la noche que me gestó a mi. Su hijo de puta y también hijo del aquel putero.”
Volver al padre (El viaje) (2020)
Performance, video y fotografía. Obra completa. (Creada en Colaboración con la Sala Amós Salvador y el Ayuntamiento de Logroño)
Obra procesual detonada mediante performance en un viaje con su figura paterna. Azcona camina hacia atrás hasta reencontrarse con la figura paterna estipulada en su expediente de adopción y papeles de abandono: una figura paterna que en realidad no lo es, al ser únicamente pareja esporádica de su madre biológica y conocerla cuando ya estaba embarazada del propio Azcona. No obstante, una pieza fundamental en la infancia del artista relacionada directamente con su propio maltrato y el abandono. Azcona nos plantea cuestiones en torno a la figura paterna y realiza el mismo viaje junto a Manuel, que ambos realizaron cuando Abel tenía tres años de edad. En una retirada de custodia donde él sustrajo y secuestró al niño y durante varios meses desapareció hasta ser
encontrado por la policía nacional en un pequeño pueblo de Extremadura. En esta pieza, Azcona y Manuel vuelven a caminar, construir y deconstruir juntos, repitiendo durante tres días mediante performance el recorrido exacto del secuestro treinta años después.
© Estudio Abel Azcona. Abel Azcona | Volver al Padre. Volver al padre es una obra performativa, video y fotográfica de Abel Azcona. Etapa audiovisual / El viaje: Idea original: Abel Azcona y Raquel Ruiz Diego. Codirección y producción: Abel Azcona, Raquel Ruiz Diego y Estudio Abel Azcona. Edición y diseño: Jorge Aznar. Foto fija: Lucas Rosa. Vídeo, ayudante de producción y búsqueda de localizaciones: Alejo Rodríguez. Ayudante de producción y sonido: Rocío Rivas Slipak.
“Sea lo que sea, la manera en la que cuentes tu historia en línea puede marcar la diferencia.”
“Una de las obras más duras que he realizado hasta la fecha es sin duda la repetición del viaje de secuestro de Pamplona al pueblo de Badajoz que me llevó forzosamente Manuel Lebrijo. Encontrarme con él en el mismo lugar donde me secuestró treinta años después fue una experiencia realmente dolorosa.
Uno de los papeles de mi infancia que siempre me ha acompañado en mi vida es un cartel de búsqueda que se difundió durante varios meses en calles y comisarías. Se buscaba a un niño llamado Abel David Lebrijo Luján, nacido el 1 de abril de 1988. Pelo castaño y ojos marrones. En el momento de la desaparición, vestía pantalón largo verde y camisa de cuadros verdes y marrones claros. Jersey azul marino, con una franja en la cintura con dibujos blancos. Anorak gris y botas deportivas blancas. Y un gorro de lana con una borla de color morado.
Aquella tarde lluviosa desaparecí después de una visita pactada entre la familia de acogida y la pareja de mi madre biológica, que me crio los primeros años. Ellos ya no tenían mi custodia y en un permiso de fin de semana acabé secuestrado durante días. Como me buscaba la policía, debía permanecer en silencio y me encerraban durante horas dentro de un armario para que nadie me encontrase. Creo que allí aprendí a sentirme más cómodo en la oscuridad.
En «Volver al padre» pienso, como Goethe, en una forma de arte como medio para aislarme del mundo y penetrar en él. En este sentido puedo confirmar que mi obra ha sido refugio, lugar de conflicto, lucha constante, pregunta más que respuesta, y ahora sendero junto a uno de los protagonistas de mis males. El 20 de septiembre de 2020 me cité con Manuel en los baños de piedra frente al Parque de la Taconera en Pamplona, el mismo punto en el que un día no acudimos a una cita cuando yo tenía tres años. Tuve miedo de que no apareciera, como sucedió en 1991. Treinta años después, volvería a sostener la mirada del mismo hombre que me había recogido en aquel lugar para no volver. Menudo, con un chándal dos tallas más grande de lo necesario, y muy nervioso, se acercó hasta mí. Aquel primer encuentro duró poco más de dos horas. Le acompañé hasta casa y quedamos allí al día siguiente para emprender lo que por entonces llamábamos «la excursión».
Desde la ciudad de Pamplona, pasando por el parque de los patos de los Jardines de la Taconera, que fue nuestra primera parada, hasta Villar de Rena, hay 690 kilómetros, casi siete horas. Nos detuvimos un par de veces más por el camino para charlar y grabar algún video de las conversaciones, pero nada muy importante. Debíamos coger confianza e ir pensando las preguntas que queríamos hacernos el uno al otro. Cuando paramos la siguiente vez, mantuvimos un primer intercambio sobre mi madre, mi nacimiento y la relación que tuvieron antes de que yo naciera. Yo anoté todas sus respuestas.
Poco después llegamos a Badajoz. Aparcamos muy cerca del lugar que lo vio nacer. Nos sentamos en una piedra y sacamos la carpeta para poder ver juntos todos los papeles. Aquel lugar no se me olvidará. Daba la sensación de no estar en ninguna parte. Le temblaba la mano izquierda cuando abrió la carpeta y leyó el expediente 09872. Durante un tiempo solo fui aquel número. En la parte baja de la página podía leerse el nombre Abel David Lebrijo. «Mis apellidos», añadió.
Leyó en voz alta varios documentos, mientras me devolvía la mirada. Siempre recordaré la conversación que tuvimos en torno a la violencia. Al leer la palabra en aquellos papeles se había tapado sutilmente el rostro, y me gustaría poder decir que asumió aquello de manera elegante y reconoció todo lo que allí figuraba, aunque no sería del todo realista. Para cada cosa que se decía tenía una explicación que le libraba en parte, inculpando siempre a las mujeres que habían estado a su lado en diferentes momentos. Reconoció el maltrato o el abuso sexual que sufrí, justificándolo como venganza de su segunda pareja sentimental, la cual habría ejercido violencia contra mí para hacerle daño a él. Hablamos de desnudos forzados, humillaciones físicas con tirones de los genitales o introducción de objetos en la zona anal. Luego salió a relucir al historia de la magdalena y allí se echó a llorar. Nunca ante le había visto hacerlo.
«Éramos tan jóvenes, tan insensatos. Llevábamos muy mala vida y no teníamos conciencia de nada. Ella era mala y se portaba muy mal contigo. Yo tengo la culpa porque bebía, me drogaba mucho y desaparecía durante días; y como yo no estaba ella te hacía a ti todas aquellas cosas. Yo, cuando volvía, sabía lo que te había hecho, pero no decía nada». Allí sentados lo contó todo. Nunca le había escuchado hablar con tanta sinceridad. Incluso reconoció la posibilidad, que se deja caer en el expediente, de que ella pudiera ejercer la prostitución delante mía en varias ocasiones e incluso hacerme partícipe de las relaciones. A esto me replicó que los tres vivíamos en una habitación muy pequeña, pero cuando entendió lo absurdo de la explicación me volvió a mirar con los ojos llorosos.»”
Volver al padre II (Performance) (2021-2022)
Performance, instalación, fotografía y video. Obra completa. (Creada en Colaboración con la Sala Amós Salvador y el Ayuntamiento de Logroño)
Obra performativa detonada en dos peanas en un encuentro de una hora de duración en la Sala Amós Salvador de Logroño con la figura paterna estipulada en su expediente de adopción y papeles de abandono: una figura paterna, que en realidad no lo es, al ser únicamente pareja esporádica de su madre biológica y conocerla cuando ya estaba embarazada del propio Azcona. También protagonista de los abusos, el secuestro y los maltratos a Azcona.
“Sea lo que sea, la manera en la que cuentes tu historia en línea puede marcar la diferencia.”
“Una sala repleta. Una segunda cita, esta vez rápida y más protegido. Rodeado de desconocidos pero que de alguna manera comparten y acompañan el peso vivido mediante mi palabra previa, mi cuerpo tembloroso y mi agotamiento físico y mental. Durante treinta minutos narro el viaje performativo que «Volver al Padre» supone para mí. Los detalles de porque decido un año atrás emprender el viaje y describo mi idea preconcebida del momento que va a suceder a continuación.
«Me llamo Abel Azcona estoy sentado en una peana, como podéis ver a mi lado hay otra peana vacía que de manera metafórica pero también real siempre ha estado vacía. Hoy, el hombre que consta en los papeles y en mi expedientes legales como mi padre biológico ocupará esa peana al habérselo pedido como proceso creativo, afectivo y de resarcimiento. En unos pocos minutos viviremos una reactivación de un viaje que acontecía treinta años atrás para ser activado el pasado año entre Pamplona y Badajoz. Logroño ha sido la ciudad elegida para un año después volver a citarme con Manuel, mirarnos, darnos la mano, ya que en el viaje del pasado año no nos tocamos en ningún momento y esta vez cada uno continuar su camino. Entiendo el arte y más la performance como un acantilado, en el borde se aprende, se muestra y se arriesga como en ninguna otra parte. Yo he trabajado muchos tipos de violencia en primera persona, pero pocos sucesos me inspiran más violencia que el que va a acontecer. Os pido que me acompañéis emocionalmente y esta hora próxima dialoguéis conmigo con la fuera, la empatía y la mirada».
Tras mi visión narrativa Manuel entra por la puerta. Esta visiblemente muy cambiado del viaje que realizamos hace un año de Pamplona a Badajoz. Ha engordado visiblemente y se le ve más recuperado. Un mes y medio atrás había recibido la donación de un riñón y se veía físicamente mucho más fuerte ya que durante el viaje de tres días del año pasado continuaba en diálisis. Tuvimos que tener en cuenta las condiciones de falta de salud en todo el trayecto. No cuestiona, no pregunta, dos amigos míos le han traído desde Pamplona hasta Logroño donde yo sin mediar palabra le espero en la peana con el brazo tendido.
Durante una hora el público nos observa fijamente, Manuel impasible mira al frente, cierto desafió en su mirada y yo siento dolor. Mi mente va rápido, recuerda todo el viaje del pasado año. La primera vez que nos vimos treinta años después, el viaje durante horas en el coche, la noche horrible que pasé a su lado sin poder dormir y él encendiendo cigarros cada diez minutos y la sensación de avasallamiento que quedó era mi cuerpo al terminar, como si volviera de una guerra. Tras la hora decidí al momento ayudar a Manuel a bajar y le acompañé a la salida de la sala. Consideré que su presencia era suficiente y preferí protegerle y que el espectador únicamente tuviera acceso a él desde lo visual. Algunos de los visitantes de la sala, repleta y con gente en el exterior sin poder acceder, increpaban a Manuel durante la performance. No obstante, prácticamente en la totalidad reinó el silencio y la calma. La belleza de la nada, de lo silente.
El silencio es fundamental en la obra. La pieza tiene voz propia y responderá si se pregunta por esos cuerpos vulnerados y abusados. Los cuerpos dialogan, aún en mayor medida, desde mi posición de superviviente.
«Volver al Padre es una performance biográfica y personal. La potencia de la acción es esa carga íntima, esa carga ciertamente explorativa y al final es una obra construida también desde el accidente, desconocíamos con exactitud si Manuel iba a cumplir a la cita, no hay buenos antecedentes, en que condiciones iba a venir, si iba a participar en la línea que nosotros habíamos marcado, si iba a hacer su propia performance, dentro de ese accidente todo funciona visualmente y curatorialmente perfecto. Soy un artista que hasta que no concluye la pieza con mi viaje o abandonando el lugar no hago una vuelta atrás emocional, y no recapacito sobre la misma. Una vez marche es hora de colocar la obra, los sentimientos, el dolor.»”
Las madres elegidas (2023 - 2024)
Performance y fotografía. Selección de las primeras fotografías de la obra junto a ORLAN y Marina Abramović.
Obra fotográfica creada mediante encuentros performativos en colaboración con las “madres de la performance”. Azcona en sus nuevas obras en 2023, habiendo cerrado el ciclo de piezas discursivas en torno a la figura de su padre y su madre crea una serie de obras desde el concepto de la familia elegida, en su caso: el arte y la performance. Pieza creada a modo de homenaje y gracias a la amistad y colaboración de todas las artistas.
“Sea lo que sea, la manera en la que cuentes tu historia en línea puede marcar la diferencia.”
“Perder una madre es doloroso y yo he perdido a tres. Ese es el motivo por el que en mi crear siempre hay una continua linea de búsqueda de la madre. Una madre sustituta, una madre que no me abandone o una madre que me diga que me quiere. Toda mi vida ha sido una continua repetición de noes salvo la excepción de cierto sector del arte. Sería falso afirmar que no convivo con un continuo rechazo en el arte también, pero por lo menos en el campo del performance he encontrado reconforte y protección. Así que de manera natural tras trabajar varias veces con Marina Abramović surgió un diálogo fotográfico y performativo en el marco de nuestro proyecto conjunto en Amsterdam. De estas fotografías donde sin casi reflejar nada mediante palabras los dos asumimos roles en cuanto a la figura maternal y la figura del hijo, o la figura de cuidadora o protectora y por mi parte el protegido o el cuidado. Tras aquel abrazo maternal y el traslado a París para presentar nuevas obras surgió el abrazo igualmente con ORLAN con la que también me unen nuevas colaboraciones. Por venir dos nuevos abrazos maternales con Tracey Emin y con Yoko Ono en el marco de su muestra restrospectiva en la Tate Modern en Londres.”
El perdón (2005 - 2022)
Objeto y documento. Obra completa. (Cortesía de AT Colección, Santander)
Obra objeto compuesta por una carta de su profesora de historia del arte en la Escuela de Arte de Pamplona. En el año 2005 Azcona realiza, la que según la crítica, ha sido su primera acción artística. En ella tras un periodo de ingreso en dos clínicas psiquiátricas interrumpe el tráfico en la Avenida del Ejército, en la ciudad de Pamplona, sentado en una silla y en plena desnudez. Al ser alumno de la escuela de arte de Pamplona, una de sus profesoras se interesa por el hecho y lo describe como una pieza artística o performance, siendo aquel el detonante del interés del artista por la disciplina. En el año 2015 la ciudad de Pamplona dedica al artista una muestra retrospectiva con una amplia selección de obras. El día de la inauguración de la exposición la profesora, metafórica y simbólicamente, pidió disculpas por haber puesto la primera piedra del conocimiento sobre la performance, herramienta fundamental en la manera de entender el arte en el creador. Una disculpa que se entiende desde la mirada radical y la polémica que levanta la obra de Azcona. Años después, en 2022, la disculpa simbólica se materializa en una carta enviada al estudio de Azcona firmada por la propia profesora. Carta que el artista convierte en una obra artística como objeto y detonante de su propio proceso creativo.
“Sea lo que sea, la manera en la que cuentes tu historia en línea puede marcar la diferencia.”
“El 20 de noviembre de 2015 inauguré una muestra retrospectiva que mi ciudad Pamplona me dedicó en el interior del Monumento a Los Caidos en la Plaza de la Libertad de Pamplona. La inauguración fue emocionante ya que muchas hijas y nietas de asesinados y represaliados por el franquismo vinieron y formaron parte de la inauguración ya que una de las obras principales trataba dicha temática. Dos días después comenzó la polémica por una de las piezas en el interior de la muestra. A las dos semanas en una visita de la Escuela de Arte de Pamplona a la exposición, a la que yo acudí para hacerles una visita guiada personalizadas, una de las profesoras dijo que ella quería pedir perdón por haberme enseñado lo que es una performance. El comentario irónico y divertido debido a que en ese momento era muy criticado y perseguido me llamo altamente la atención. Desde entonces esta profesora muchas veces ha acudido a las exposiciones que he realizado en el norte de España y hemos comentado la anécdota.
En 2005 tras un ingreso en dos clínicas psiquiátricas, una en Barcelona y otra en Pamplona, por un intento de suicidio grave realicé una acción en la Avenida del Ejército de Pamplona donde desnudo y sentado en una silla paré el trafico mientras gritaba. Mi psiquiatra hasta entonces supongo que imaginaría aquello como un brote pero mi nueva profesora de la Escuela de Arte me dijo que aquello era una performance. Allí empezó todo y de ahí el motivo por el que ella sintió que debía pedir de manera divertida disculpas públicas.
El año pasado, en 2022, decidí escribirla y pedirle que me escribiera una carta haciendo constar dichas irónicas disculpas de manera escrita. Y así recibí pocos días después la carta que bauticé como “El perdón”.
Esta obra está incluida en la muestra como una de las piezas del concepto de la familia elegida o el arte como familia o lugar de supervivencia.
Nunca me he caracterizado por ser un niño cordial, empático o especialmente sociable. En la escuela de arte en la que me formé durante tres años encontré un oasis en un aula de la primera planta. Allí se impartían las clases de Historia del Arte. La profesora responsable siempre estaba disponible para hablar, escuchar y aconsejar. Con ella aprendí más acerca de las disciplinas que ahora prota- gonizan mi vida. La confianza era tal que incluso tomábamos té juntos en los recreos. Hasta su jubilación, cada vez que visitaba Pamplona, iba a la escuela de arte y repetía- mos el ritual. Cada vez que inauguro una exposición en el norte siempre está esperándome en la puerta.”
Los cuidados (2023 - 2024)
Objetos y documentos. Selección de Cartas de cuidadoras durante la performance de la heroina “La Savia” o el galerista que cuido de Azcona durante la Bienal de Lyon.
Obra objeto creada durante los años 2023 y 2024. Azcona contacta mediante carta o telefónicamente con veinte personas vinculadas a sus antiguos procesos artísticos. Galeristas, artistas y amigos que han ayudado y cuidado al artista durante sus performance escriben cartas contando los relatos de cuidados. Azcona crea esta pieza en contraste con la falta de cuidados recibidos durante su infancia y en referencia al concepto adoptado en 2023 del arte como la familia elegida.
“Sea lo que sea, la manera en la que cuentes tu historia en línea puede marcar la diferencia.”
“Mi vida ha sido una miseria pero sigo vivo. Mi vida ha sido violencia y dolor pero sigo vivo. Mi vida es un continuo abandono pero sigo vivo. Esa afirmación continua me llevo a plantear el porque sigo vivo. De manera accidental el arte o la performance, o ambos, me han llevado a seguir con vida. Siempre he afirmado que sino hubiera encontrado esta forma de exorcizar el dolor ni siquiera seguiría con vida. Así que entendiendo que el campo del arte que me ha permitido florecer, marchitamente pero florecer, tiene jardineros, otras flores y lugares de cuidados decidí crear esta obra para visibilizarlo. Desde mis primeras performance he puesto mi cuerpo al límite, hasta la inconsciencia, hasta el consumo de sustancia o estupefacientes de manera extrema, hasta las heridas abiertas, los gritos o la extenuación. No obstante siempre había alguien que me limpiaba la mierda, la baba, o me daba agua para despertarme. Siempre había alguien que creía e esa repetición de mi maltrato sufrido en la infancia, en ese continuo posicionamiento como ser doliente. Por eso, desde la idea de familia protectora o familia elegida, decidí escribir a todos aquellos seres del mundo artístico, véase galeristas, artistas u otros para que mediante carta o relato escrito me contarán la experiencia de cuidar a un ser como yo. Así surgen dos decenas de cartas, muchas de ellas expuestas en la muestra, en las que todos estos representantes del mundo artístico, algunos importantes curadores o galeristas narran mi necesidad de cuidados, mi necesidad de una familia o mi necesidad simplemente de estar ahí para manterme con vida.”
Cartas a Soraya (2023 - 2024)
Audios, objeto, cartas y fotografía. Selección de cartas y audios detonantes de la obra.
Obra biográfica, performativa y epistolar creada durante el año 2023. La obra está compuesta por una secuencia de audios creados en el primer contacto telefónico entre el artista y la hija de Manuel Lebrijo González, padre de Azcona según su partida de nacimiento original. Tras la obra Volver al padre donde Azcona se encuentra con la figura paterna, Cartas a Soraya surge desde el accidente y como una segunda pieza contemporánea con la búsqueda de orígenes e identidad como hilo argumental. Tras un primer intercambio de audios, ambos protagonistas pactan un intercambio epistolar durante el mes de junio, julio y agosto de 2023 que terminará en un encuentro mediante performance en el marco de esta muestra expositiva.
“Sea lo que sea, la manera en la que cuentes tu historia en línea puede marcar la diferencia.”
“Una de las obras que estoy explorando en la actualidad es la conexión con una hermana o no hermana desaparecida. Por lo que en una muestra dedicada a la idea familia era pertinente reflejar la piezas de alguna manera. Hace meses atrás activamos la obra con el primer contacto real entre ambos. Mediante la escritura de la vida de mis tres madres, la biológica, la de acogida o algo así y la adoptiva, fui consciente que necesitaba información de la segunda. La madre a la que todos han echado siempre la culpa, la más maltratadora, la abusadora, la que pudo llegar a prostituir mi cuerpo. Con la madre biológica, por entonces, desaparecida y la madre adoptiva ausente para siempre por interés mutuo, la figura de esa madre de transición entre una y otra se me hacía la más desconocida. Ese fue el motivo principal por el que decidí buscar y encontrar a su hija biológica. Teniendo en cuenta que es hija de Manuel Lebrijo, mi padre biológico según los papeles o mi partida de nacimiento, ella figura como hermana biológica mia. Aún no teniendo una conexión biológica real, ya que él asumió la paternidad ante el abandono de mi madre biológica, sin ser en realidad el progenitor.
El primer contacto por mensajería instantánea supuso una decena de largos audios donde ella relataba sucesos muy similares a los míos en torno al abandono, la prostitución, el intento de venta de ella siendo una niña, o los abusos y el maltrato físico. Procuré que el relato por audio no continuará por el exceso de dolorosa información y concebimos el trato de iniciarlo vía carta. Desde ese día hasta hoy nos hemos intercambiado una serie de cartas, expuestas en la muestra, donde ambos preguntamos y respondemos. Poco a poco vamos siendo conscientes del gran paralelismo entre las historias de ambos. Cuando termine el intercambio de cartas, la idea inicial es encontrarnos en persona en donde ella resida en el momento pertinente, ya que cambia asiduamente de domicilio.
El 25 de noviembre de 2023 decidí hacer una parada física en el diálogo mediante misivas y nos encontramos en las mismas peanas donde dos años atrás compartí cuerpo, tiempo y la mano con su padre, el responsable directo del maltrato y abuso de ambos.
Cartas a Soraya es una obra procesual inacabada donde mi hermana y yo nos vamos revelando poco a poco nuestras historias de dolor marcadas y protagonizadas por los mismos padres, maltratadores o detonantes de nuestras heridas.”